Cuaderno de bitácora

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El agujero negro de Tomás

Julián Ballestero - / /
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Los científicos acaban de descubrir en el cielo remoto el agujero negro más potente conocido hasta ahora. Calculan que posee una masa 180.000 veces mayor que la de nuestro sol, aunque todas las especulaciones sobre sus medidas hay que tomarlas precisamente como eso, conjeturas, porque en el interior del monstruo galáctico el tiempo y el espacio se deforman hasta un punto desconocido. Nadie ha podido entrar todavía en un hoyo de este calibre, entre otros motivos porque el peso de la tierra estaría condensado en el volumen de una cucharada sopera de azúcar, y tal presión daña las neuronas.

Existen en zonas más cercanas otros agujeros negros menos masivos, pero igual de peligrosos. Aparte de la tarjeta visa, conocida desde hace décadas como el gran roto de nuestros bolsillos, hemos descubierto hace poco un torero capaz de convertir una plaza con diez mil aficionados en un gran agujero negro informativo. José Tomás ha logrado devolver el arte de Cúchares a los tiempos primigenios de la pelea de igual a igual entre astado y espada. Pero también ha atrasado las manillas del reloj a los tiempos en los que ni la tele, ni la radio, ni Internet, narraban esos instantes mágicos en los que se juega la vida o la gloria a cara o cruz. Las corridas del fenómeno no son transmitidas por ningún medio y la transustanciación del diestro queda reservada a los que han pagado un fortunón por la entrada. Ante semejante agresión al derecho a conocer, precisamente en uno de los acontecimientos que más interés despierta hoy en España, los medios se limitan a observar al agujero, por otro lado invisible porque se traga la luz.

José Tomás ha logrado devolver el arte de Cúchares a los tiempos primigenios de la pelea de igual a igual entre astado y espada

A la vez, los mismos políticos incapaces de hallar una sola medida eficaz contra la crisis que amenaza con engullirnos en la negrura de la depresión, han conseguido transformar sus ruedas de prensa en agujeros negros sin preguntas. Y los periodistas no solo no les han plantado cuando anuncian alguno de estos actos desinformativos en los que largan sin posibilidad de ser interrogados, sino que, por vagancia intelectual o porque la curiosidad era verde y se la comió un cerdo, acaban no preguntando ni cuando el ‘ruedaprensero’ de turno les reta con mirada de deseo.

La última palada sobre el ataúd del periodismo vivo la ha arrojado el entrenador del Salamanca (UDS) cuando avisa de que sólo hablará tras cada partido y concederá una entrevista al mes..., y que los medios guarden cola.

Definitivamente, atravesamos tiempos oscuros para la prensa.


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