El alma de Castilla
Se ha escrito todo sobre Miguel Delibes, el escritor que encontró en Sedano la paz, ese pequeño pueblo burgalés remanso para la caza; por eso solo nos queda lo novedoso en los encuentros personales que tantos oyentes mostraron, por ejemplo, en el programa que Carlos Herrera dirigió en el centro cultural vallisoletano que lleva el nombre del genial escritor.
Desde aquella mujer, entonces niña, que paseaba con su abuelo por el Campo Grande vallisoletano y mantenían unos momentos de tertulia con el autor de Las ratas, hasta otros que con El Camino iniciaron su relación con la literatura, porque era libro de obligada lectura para estudiantes de Secundaria y Bachillerato.
Para mí, Delibes es una recuerdo también de hace ya unos cuantos años, intentándole convencer de que nos concediera una entrevista en una serie que estábamos haciendo sobre Castellanos y Castilla. No era fácil porque Delibes es ajeno a aquello que sean las lisonjas, las preguntas... y eso que fue director de periódico, pero solamente hablaba cuando publicaba un libro y de una forma muy limitada. Tanta le debió parecer mi insistencia que el escritor me acabó diciendo que cogiera todos sus libros, porque todos reflejan el alma de Castilla que yo pretendía encontrar, seleccionara algunos párrafos y le diera forma a la entrevista. No lo hice, y perdí una excusa y una oportunidad de volver a leer algunos de sus clásicos y adentrarme en otros. Sin embargo, el otro día, cuando vi las fotos de la entrega de la Medalla de Oro de Castilla y León por parte de Herrera, fui a la biblioteca de casa, busqué los libros de Delibes, y encontré El Camino y lo volví a releer, un ejemplar viejo y manoseado pero que fue el primero de los libros que, como miles de españoles, leímos de este autor universal, enamorado de Burgos, su segunda casa, y del que muchos hemos aprendido a navegar por las aguas de la literatura.
Artículos del autor
- Población
- Autonomías
- El alma de Castilla
- Física o Química
- Auctoristas y potestas
- Castilla e Internet
- Coraje cívico
- Tras la manifestación
- Dos dramas
- El milagro de Lerma
- Vino de la Ribera en la capital del mundo
- Calidad, no cantidad
- Competitividad
- Ensayos con la vacuna
- El curso político
- No alarmados, sí alertados
- Marta merece el Príncipe de Asturias
- Cercana, curiosa e inquieta
- Viva la música
- Hay motivo
- Bailad, bailad
- La Universidad de Burgos da el primer paso en el Español
- El Circo Invisible
- Campus
- De vez en cuando la vida…
- Gente corriente
- Sueldos y políticos
- Garoña 2?
- Libros en Villalar
- Innovación
- Por la vida
- Vuelve la Fórmula 1
- El Rey de todos
- Disciplina
- La maza en las urnas
- El presidente Bartlet, en el Camino de Santiago
- Huérfanos
- Aprender a envejecer
- Año Santo Jacobeo
- Juntos podemos
- Destruir un prejuicio, desintegrar un átomo
- Tierra Santa
- Un concurso de redacción
- Tienes un e-mail
- Desastre en la AP 66
- Maestros
- El paro, el problema
- Chocha o Águila
- Queridos Harry, Frodo y Shrek
- Pen drive en el diccionario
- Hermanas pobres
- Imberbes matones
- Un pretexto para ir a Covarrubias
- Ciudad de artistas
- Noviembre
- El parabrisas más limpio del mundo
- ¡Mira cuánto bailan!
- Tablas
- Gregarios de medalla
- China
- Audiencias fragmentadas, pero menos
- Médicos, enfermeras y arquitectos
- Líderes
- Cuatro aeropuertos con retorno
- Una parada en el Camino
- Somos más, somos menos
- Llegan las fiestas
- Ensaladilla rusa
- Embajadores de oro