Cuaderno de bitácora

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Auctoristas y potestas

Antonio J. Mencía - / /
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Ya no hay autoridad, ni potestad.

Los romanos distinguían entre auctoritas y potestas, alabando la primera por encima de la segunda. Entendían por ‘auctoritas' una cierta legitimación socialmente reconocida, que procede de un saber y que se otorga a una serie de ciudadanos. La ostenta, aquella personalidad o institución, que tiene capacidad moral para emitir una opinión cualificada sobre una decisión. Este concepto se contrapone al de potestas como poder socialmente reconocido, propio de quien tiene capacidad legal para hacer cumplir su decisión. La auctoritas se ejerce con flexibilidad, diálogo y contando con las opiniones de los demás.

Ahora cualquier maestro con ‘auctoritas' conoce la dificultad de ejecutarla, y no será por falta de talente y de diálogo, sino que se ha perdido el concepto básico de autoridad, incluso entre aquellos que tienen que legislar sobre la Educación. El pleno del Congreso de los Diputados acaba de rechazar otorgar la consideración de autoridad pública al profesorado al salir derrotada una proposición del Partido Popular que fue votada en contra por el resto de partidos, salvo la coalición de Rosa Díez, que voto a favor por responsabilidad.

La propuesta estaba basada en lo que el partido de centro-derecha considera un clamor social y una demanda laboral y sindical. Sin embargo, no faltaron argumentos en contra, alegando también que todavía está pendiente de aprobación un Pacto Educativo, pacto que no llegará a buen término por lo ideologizado en que se encuentra, y por la poca importancia que a la educación se le da en cuanto a que no ha sido considerado un asunto estratégico. La situación de la educación en nuestro país requiere de una altura de miras mayor a la representada por nuestros político, exige además generosidad y quedar al margen de críticas partidistas. Nuestros estudiantes ocupan los escalones más bajos en el escalafón internacional, desde la primaria a la universitaria -solo 3 universidades españolas están entre las 300 primeras del mundo-, y a los maestros se les está acabando la paciencia hasta el punto de ser una de las profesiones con un mayor número de bajas laborales.

Todavía recuerdo a un profesor de matemáticas que tenía en la EGB que repetía incansablemente que el que "copie o se sospeche que copie, será el reino de los ceros", un reinado que indefectiblemente acababa siempre en los mismos, pero que nunca era cuestionado por unos padres que entonces daban la razón a los profesores y que ahora ya no se fían de ellos.

Bien está que nos ocupemos de los problemas económicos en lo que nos encontramos, pero un país sin educación es un país sin futuro. Y en este camino caminamos hacia atrás como las tortugas.


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