Cuaderno de bitácora

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Autonomías

Antonio J. Mencía - / /
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Pocos dudaban en el inicio del Estado autonómico que algunas de ellas se habían ganado a pulso el título de históricas, como Cataluña y el País Vasco, desconozco por qué Castilla perdió el paso y no se subió a este carro, y no encuentro las razones entonces de Galicia.

No había, ciertamente, leyes forales propias, como en las tres provincias vascas o como el Amejoramiento del Fuero navarro, pero teníamos el peso de la historia que nos avalaba, el peso de España, quizá demasiado grande. Hubo entonces autonomías que marchaban a diferentes velocidades, no solo a una o dos, sino también a tres y cuatro. Y nos colocaron en la segunda velocidad.

Pero han pasado los años, treinta, y cada uno de los ciudadanos que vivimos en cada una de las comunidades autónomas españolas, al margen de transferencias o categorías, queremos exactamente los mismos derechos que el resto, los mismos servicios, la misma atención, iguales oportunidades y también ofertamos los mismos deberes. Hay deudas históricas que deben ser pagadas, pero también otras que tienen que ser respetadas. No se trata de echar pulsos continuamente, pero el avance de España nos ha permitido pasar de la España de las Autonomías a la España de los ciudadanos. Y eso exige una redistribución justa de la riqueza, pero también un esfuerzo común. No queremos en Castilla y León más o menos que los demás, sino lo justo, para que un vecino del Valle de Losa tenga la misma atención médica que uno de Madrid, u otro de Soria la misma posibilidad de ir en alta velocidad que otro de Córdoba. Y eso es financiación, y reparto equitativo por parte del Estado. También es pericia de nuestros políticos, peso específico y hacerse valer. Pero con los derechos de cada uno de los españoles no se juega, ni por dos votos, aunque sean navarros.


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