Brasil se entiende con Castilla y León
El idioma español vuelve a ser punto de referencia y de especial interés en el viaje que esta semana realiza una nutrida representación empresarial y política por Brasil. El presidente de la Junta, Juan Vicente Herrera, preside una delegación multisectorial que viaja al país carioca con lo mejor de nuestra tierra: la lengua como patrimonio y nicho de actividad económica, los más inquietos empresarios y el jamón de cerdo ibérico de Guijuelo, cortado, como ya ocurriera en Chile y en Argentina hace un par de años, por las manos expertas del campeón de España en esta destreza.
Los rectores de las universidades afincadas en Castilla y León también forman parte de la comitiva. La Universidad de Salamanca ha sido enlace en la firma de un convenio entre la Junta y el Senado de Brasil para el desarrollo de actividades relacionadas con el estudio de la lengua. Después de la decisión de la Universidad de Washington de fijar en León su centro para el estudio del castellano, el convenio entre Brasil y Salamanca supone también un nuevo estímulo y la confirmación de que se discurre por el camino acertado. El rector de la Universidad de León expresó igualmente su intención de sumarse a esta iniciativa. Horas antes, la Junta y la Asociación Hispano Brasileña Instituto Cervantes habían acordado la ampliación de un programa de becas para un total de 30 estudiantes y profesores brasileños. Fue igualmente el preludio del deseo expresado por el gobernador de Brasilia de establecer similares vínculos de colaboración.
El viaje ha coincidido en el tiempo con unas declaraciones de la presidenta del Instituto Cervantes, Carmen Caffarel, para quien el idioma castellano (indistintamente idioma español), está en “auge” y presenta una fortaleza como nunca la ha tenido. De esta forma salía Caffarel al paso de la polémica suscitada con la publicación del “Manifiesto a favor de la lengua común”, del que hablamos en este mismo “Cuaderno de Bitácora” la pasada semana. El hecho de que en determinadas comunidades autónomas sus respectivos gobiernos intenten “laminar” la práctica del español como idioma, no significa que esté en peligro. Si acaso lo que demuestra es el empeño de unos gobiernos, que teóricamente deben atender el bien público, empeñados en contar con súbditos que desconozcan uno de los idiomas más hablados del mundo –la última cifra oficial del Instituto Cervantes alcanza los 450 millones-, como si esta circunstancia pudiera resultar antagónica del conocimiento del idioma propio, hablado, según los casos, por cifras no superiores entre un millón y diez millones de personas.
El viaje a Brasil, en definitiva, no descubre más horizontes, pero si demuestra que el camino a recorrer no tiene límites ni fronteras.
Algún día se conocerá que nunca la ambición por el voto ha causado mayor atraso cultural y económico –porque la fluidez en la comunicación verbal es elemento primordial también en este terreno- del que ahora políticos irresponsables persiguen.
Tal vez no merezca un calificativo más allá de lo anecdótico, pero existe una realidad que demuestra igualmente la pujanza del idioma español como elemento de desarrollo económico. En León en estos momentos el telemarketing telefónico ya ofrece más empleo que un sector tan tradicional en esta tierra como ha sido la minería. Entre dos mil y tres mil personas trabajan en un negocio que utiliza como herramienta fundamental el idioma y que adquiere una dimensión geográfica trasatlántica.
El viaje a Brasil, en definitiva, no descubre más horizontes, pero si demuestra que el camino a recorrer no tiene límites ni fronteras.
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