Cuaderno de bitácora

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Antonio J. Mencía - / /
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La Facultad de Comunicación de la Universidad de Navarra cumple 50 años

Eran años duros del terrorismo etarra. En 1978 y 1979 hubo 68 y 76 muertos causados por los asesinos de la banda. 1980 fue el año más sangriento, con 91 fallecidos, la mitad de ellos civiles.

No era de extrañar que cuando les dije a mis padres que quería estudiar Periodismo en la Universidad de Navarra -en aquella época solo había facultades en Bilbao, Barcelona y Madrid- me recordaran la situación en que se encontraba la seguridad en el País Vasco y Navarra. Pero, como siempre, me dejaron y les estoy agradecido por haberme adentrado en esta profesión, desde una Universidad donde fundamentalmente aprendí lo que era la libertad de conciencia y la de prensa. Creo que también me preguntaron de qué iba a vivir en el futuro, aunque quizá no fuera exactamente así.

En Pamplona, entonces, además del examen de admisión había una entrevista que podía ser decisiva para el ingreso. Me tocó con don Carlos Soria -siempre le llamaré de usted- uno de los grandes profesores de la historia de la Facultad, que ahora cumple 50 años, y que me recomendó -fue lo único que se me quedó grabado- que «la universidad se hacía en los pasillos». Los de Periodismo, concretamente, en el Faustino, el bar del Central, un edificio que lleva ya cuatro bombas a cuestas, no creo que haya otro igual en España con el mismo récord, pero el granito con el que fue construido, cimentado en la ilusión de numerosas personas y en la fe de sus iniciadores, ha logrado mantener firme pese a la presión de ciertos impresentables.

Precisamente, el primer bombazo fue en julio de 1980, después de los sanfermines, y cuando las aulas estaban vacías pero el campus lleno. Esa tarde bajaba a buscar mis primeras papeletas con las notas del curso. Nada más llegar la villavesa -el popular autobús urbano-, vimos todos que algo pasaba. Acababan de explotar bombas en el sótano del principal edificio de la Universidad que causaron daños por valor de más de cien millones de pesetas de entonces. Tras aquel acto criminal, el comando Nafarroa colocó cinco bombas el 24 de junio de 1981, en el mismo sótano, que causaron cuatro heridos y cuantiosos daños materiales. Dos años más tarde, ETA puso cuatro artefactos en el campus, uno de los cuales se desactivó y los otros tres provocaron heridos leves.

Fueron mis años universitarios que se sumaron a numerosas manifestaciones -algunas de ellas con un delegado del gobierno llamado Luis Roldán que nos prometió custodia policial y que no acabó hasta que los abertzales nos sacudieron, y cuando fuimos más nos impidieron ir a por ellos y demostrar que las calles de Pamplona eran de todos, y no solo de unos cuantos bárbaros.

Cumplí, al pie de la letra, el consejo del profesor Soria. Hice muchos pasillos. También trabajé para sacar unos duros que compaginarán los ingresos de mis padres funcionarios. Fueron unos años inolvidables que compartí en las aulas con gente de diferente ideología -niños pijos, euskaldunes, que luego terminarían en Egin, o chavales de clase media, la inmensa mayoría-, una promoción que cumple sus veinticinco años este junio de 2009 con la misma sensación de libertad.


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