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Carbón, el pato feo de la energía

Fernando Aller - / /
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La reducción del consumo de energía por la crisis económica ha provocado la paralización de las térmicas y la necesidad de almacenar el mineral a la espera de tiempos mejores

España registra una dependencia del exterior equivalente al 80 por ciento de la energía eléctrica que consume. Sin embargo, las centrales térmicas que utilizan carbón nacional están paralizadas por la bajada de la demanda, menor consumo. Aparentemente no resulta comprensible, pero la realidad es que de nuevo el sector del carbón, fundamental en la dieta energética española, atraviesa una situación crítica.

La producción de energía eléctrica que procede del carbón representa el 15% de la potencia instalada en España. La hidráulica está tres puntos por encima, mientras que la eólica y la solar juntas superan el 24%. El reparto se completa con un 24 por ciento de ciclo combinado, un 8 % nuclear y una cifra ligeramente inferior al 10% procede de fuel y gas. Cuando el consumo es inferior a la demanda, la regulación se hace a costa de la energía térmica del carbón. Es lógico, es la energía más contaminante, la más cara y es la que mejor se puede almacenar. Las energías renovables que no se consumen, procedentes del agua, el viento y el sol, simplemente se pierden. Esta realidad no es comprendida por los empresarios del sector, que exigen un trato más justo y, sobre todo, coherente con la necesidad de España de rebajar su dependencia energética.

Un país que no es independiente desde el punto de vista energético no es auténticamente soberano. Esto es así y España necesita realizar un mayor esfuerzo para alcanzar un mayor grado de independencia. Con la energía verde o alternativa se podrá lograr parcialmente, pero tampoco en estos momentos existe una apuesta decida al respecto.
Las razones que se esgrimen son financiera. La crisis económica se traduce en una reducción importante del consumo energético y, consecuentemente, no es este el mejor período para afrontar inversiones expansivas. Ya se sabe que las nuevas energías están primadas, al igual que el carbón, y que aún queda lejos el momento en el que los precios cubran los costes de generación.

La paralización de las centrales térmicas ha provocad el colapso en el almacenamiento del mineral en los parques de las centrales eléctricas. Se ha llegado a un problema físico, de falta de espacio, además del lógico problema de financiación de los estockajes. A su vez, las minas necesitan seguir produciendo carbón o se verían en la necesidad de cerrar la explotación y ejecutar un despido temporal de la plantilla. El problema así planteado es grave, pero lo es mucho más porque una mina no se puede quedar sin mantenimiento, ya que su puesta en servicio posterior resultaría cara o simplemente irreversible.

Ante esta situación, el Gobierno en su último Consejo de Ministros del pasado mes de julio adoptó el acuerdo de encargar a la empresa pública Hunosa que gestione el almacenamiento del carbón también de las empresas privadas. De esta forma las minas seguirán produciendo y una línea de crédito especial permitirá el pago de las nóminas. La situación es coyuntural y durará hasta que la actividad económica repunte y la demanda de energía eléctrica aumente. Porque el carbón en España seguirá formando parte de la dieta energética del país. Cuestión distinta es la necesidad de resolver algunos problemas pendientes de carácter medio ambiental. En ello se está y del asunto hablaremos la próxima semana.


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