La Catedral de León se hace música
Una joya arquitectónica unida a un festival prestigiado. Hace 25
años surgió el Festival de Órgano Catedral de León. El objetivo no se
ha logrado en este cuarto de siglo transcurrido -el instrumento musical
anhelado sigue siendo un proyecto- pero paradójicamente, tal vez por
una extraña ley natural de la compensación, el Festival brilla con luz
propia y ha alcanzado reconocimiento internacional.
Una joya arquitectónica unida a un festival prestigiado. Hace 25 años surgió el Festival de Órgano Catedral de León. El objetivo no se ha logrado en este cuarto de siglo transcurrido -el instrumento musical anhelado sigue siendo un proyecto- pero paradójicamente, tal vez por una extraña ley natural de la compensación, el Festival brilla con luz propia y ha alcanzado reconocimiento internacional.
Los organizadores del Festival quieren ahora celebrar como se merece
tan grata efeméride, haber alcanzado el cuatro de siglo de existencia.
Dos serán los vértices de la programación prevista para los meses de
septiembre y octubre: el estreno de obras de grandes compositores y la
salida del Festival fuera de la levedad de las paredes vitradas de uno
de los templos góticos más bellos del mundo. Diversos espacios de
Castilla y León acogerán los acordes de obras de Cristóbal Halffter,
José María Sánchez Verdú y Mauricio Sotelo o la batuta de Philippe
Herreweghe.
Paralelamente, en Villafranca del Bierzo, localidad de
adopción de Halffter, se desarrollará el XXIV Curso Internacional de
Composición, en el que, como es tradicional, una treintena de alumnos
aventajados en el campo de la composición musical, podrán oír las
enseñanzas de grandes maestros de la música y de la poesía. Entre los
primeros, se unen al propio Halfter, Tomás Marco, José Manuel López,
Sánchez Verdú y Alfredo Aracil. El verso lo pondrán Antonio Gamoneda
(Premio Cervantes), Antonio Pereira, Juan Carlos Marset y Juan Carlos
Mestre.
La Catedral de León da cobijo a las notas musicales de un Festival que se engrandece a sí mismo por la armonía de las piedras que cobijan sus notas
La Catedral de León da cobijo a las notas musicales de un Festival
que se engrandece a sí mismo por la armonía de las piedras que cobijan
sus notas. Pocas veces se puede percibir con tanta exuberancia la
grandiosidad, el cruce de lo bello entre las diversas expresiones del
arte. La Catedral de León alberga en sus piedras y en sus 1.800 metros
cuadrados de vidrieras únicas, una resonancia de ocho siglos que
conmueve al visitante. Máximo Gómez Rascón, uno de los mayores
conocedores del templo, lo expresa con documentada elocuencia: “El
Siglo XIII, luminoso por excelencia tanto en el orden de la fe como en
el del pensamiento, dejó en esta capital del Viejo Reino uno de los
templos más emblemáticos del occidente europeo: La Catedral de León.
Expresa cabalmente la llamada “claritas medievali”, esto es, la
confluencia de todos los aspectos aplicables a la luz. Para los
neoplatónicos de Chartres, estaríamos ante el resplandor de la verdad
suprema e inaccesible –“orines ex alto”- que acertaron a plasmar en una
arquitectura el teólogo, el sabio y el artista”.
Excelso escenario, en definitiva, para un magnífico festival.
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