Ceremonia de la transgresión
Si el arte es lo que los entendidos dicen que es arte, aquí nos encontramos con el reverso de la misma tesis: hay arte en las corbatas porque no existe consenso en considerarlas un atropello
La distancia entre el arte y el gamberrismo constituye a veces una delgada línea cuyos límites sólo pueden definir los críticos. La propuesta de colocar corbatas de color rosa en cada una de las conchas de la famosa Casa del mismo nombre o sembrar los balcones del casco histórico salmantino de maniquíes al estilo de la Pantera rosa bordea y explora esos límites. Por el momento, cabe interpretar que el colectivo autor de la ‘intervención urbana', la Sociedad Psicogeográfica Salmantina, ha alcanzado su objetivo: la quinta edición del Festival de las Artes de Castilla y León ha conmovido los cimientos del mundo teatral y las conciencias del público y ha provocado la división de los expertos entre corbatistas y anticorbatistas.
Si el arte es lo que los entendidos dicen que es arte, aquí nos encontramos con el reverso de la misma tesis: hay arte en las corbatas porque no existe consenso en considerarlas un atropello.
La arriesgada apuesta ha conseguido también colocar a los salmantinos con una cabeza de ventaja en esa competencia que mantienen, por tiempos y contenido, con el X Festival de Teatro y Artes de Calle de Valladolid. Su éxito: más publicidad con menos gasto, imposible.
Por tanto, la historia colocará en el lugar que le corresponde a una edición del Festival que ha dado dos pasos al frente en su trayectoria rompedora: en la envoltura, marcada por el rosa y la polémica, y en el contenido, con un contenido ahormado en torno a un programa más atrevido y vanguardista que nunca.
A partir de mañana, el diseño auspiciado por la Consejería de Cultura, con suculentas transgresiones a cargo de los burgaleses Calixto Bieito y Alicia Soto, y el salmantino Fernando Arrabal, en otros, pasará el único examen que de verdad importa: el del público.
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