El Circo Invisible
Durante el fin de semana pasado he visto dos espectáculos sorprendentes. Uno en youtube porque Eurovisión no merecía más tiempo
El Circo del Sol no defrauda y aunque fueron pocos minutos los convirtieron en magia. Cada minuto roza la perfección. El otro se llama El Circo Invisible, del que no conocía nada hasta que me envió un correo el director de El Adelantado de Segovia para decirme que habían pasado por Titirimundi y que estarían en Burgos y no podía ni debía perdérmelo.
Así que allí me fui a ver el quehacer de Jean Baptiste Thierrée y Victoria Chaplin, los dos protagonistas que llenan por completo el escenario. Dos horas increíbles, a pesar de que el público era mayoritariamente infantil, quizá atraído por el nombre de la función, aquello era un espectáculo para todas las edades, pero especialmente para los mayores, un evento que une humor -permanente con un tipo que viste de forma estrafalaria, casi siempre acompañado con una maleta, y donde a veces su aparición fugaz provoca ya la risa-, ilusionismo, transformismo, equilibrismo y unos cuantos conejos y ocas que mi compañera de butaca dudaba que fueran reales.
Era algo innovador, aunque el catálogo afirma que llevan desde los sesenta juntos en las tablas, pero encontrarte una tela convertida en caballo o dragón gracias a los movimientos sutiles -es una consumada contorsionista y equilibrista- de la hija de Chaplin resulta algo poético e irrepetible.
Detrás de cada aparición en el escenario, en dos horas pueden ser mas de 40, hay una imaginación brillante y creadora y trabajo, mucho trabajo. No conceden entrevistas, no permiten grabaciones, ni fotografías de sus actuaciones -las que existen las facilita la compañía- para evitar romper el ensueño.
Si oye hablar que El Circo Invisible está cerca de su ciudad, compre la entrada, serán dos horas de una sonrisa permanente disfrutando de las pequeñas cosas.
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