¿A quién va a votar, señor Cayo?
Alberto MarroquínSe cumplen 25 años del estreno de la adaptación cinematográfica de la novela de Miguel Delibes ‘El disputado voto del señor Cayo'.
Se cumplen 25 años del estreno de la adaptación cinematográfica de la novela de Miguel Delibes ‘El disputado voto del señor Cayo'.
Tenía pensado escribir algo más, lo prometo. Material tenía: viajes al Norte de Argentina, a las Cataratas de Iguazú, a Brasil, Copa América de fútbol…vamos, mucha tela que cortar. Pero se me vino el tiempo encima, sé que no es excusa, pero creedme, es difícil sacar tiempo. Además, siempre es mejor dejar algo aunque sea pendiente, así siempre existirá una excusa y las ganas de retomar la causa serán mayores.
En una ciudad como Buenos Aires, con tantos millones de personas confinadas dentro de su área metropolitana y, por consiguiente, una gran cantidad de vehículos en movimiento por las calles, a menudo apetece tomarse un respiro. Los parques y jardines no son muy abundantes pero los que hay tienen un tamaño considerable e incluso algunos pueden calificarse como lindos.
No soy un entendido en economía, ni quiero la verdad. Me resbalan bastante los números desde la EGB y cada vez que oigo hablar de divisas rescates, inflación o diferenciales con el bono alemán se me eriza la piel y me pierdo. Digamos que lo mío es el territorio, la comunicación, los trenes, la Geografía, el paisaje…. sea como fuere, la economía forma parte de nuestras vidas. Estamos en un sistema capitalista y como tal hay que acatarlo. Un mal necesario, como la política.
Parafraseando al ex Tequila Airel Rot, uno se sorprende al ver lo que la Madre Naturaleza puede llegar a alterar los planes de todo un continente. Me refiero, como podréis imaginar, al volcán Puyehu, que estos días anda soltando cenizas a la atmósfera y ha paralizado algunos de los principales aeropuertos de Argentina y Chile. En Europa ya tuvimos una experiencia similar el año pasado, cuando un volcán de nombre Eyjafjallajökull (que llegó a tener su propio grupo de fans en facebook como “el gato que andando sobre el teclado del ordenador puso nombre al volcán islandés”) dejó en tierra a varios miles de personas en plenas vacaciones de Semana Santa en 2010.
Buenos Aires fue designada como la Capital Mundial del Libro en 2011 por la Unesco. Y no es para menos. Más allá de la bucólica imagen que puede representar una librería abierta las 24 horas en cualquiera de sus infinitas avenidas, esta ciudad respira cultura por cualquier esquina. La oferta de eventos, conciertos, obras, exposiciones o teatros es inmensa por lo que es francamente difícil aburrirse. Entre los eventos que suelo frecuentar tengo dos entre mis preferidos. Uno es la Ciudad Cultural Konex y otro es el espacio Incaa...
Hoy se cumple mi segunda semana en Buenos Aires y, a pesar de que esta ciudad tiene mucho que ofrecer, a lo largo de estos meses también viajaré por algunos lugares de Argentina y alrededores. Este fin de semana estuve en Uruguay. Concretamente en Montevideo, la capital, y en Colonia de Sacramento, un pequeño pueblo cuyo casco histórico está declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO.
Cuando uno aterriza al otro lado del charco tras casi doce horas de viaje en avión siente un extraño cosquilleo, sobre todo si es la primera vez. El trayecto entre el aeropuerto y el centro de la ciudad se convierte en un escaparate de sensaciones que se observan a través de la ventanilla del autobús. Esto fue lo que exactamente me ocurrió aquel 26 de abril a mi llegada a Buenos Aires, Argentina...
Nuevo Diccionario de la Lengua Española, con nuevas palabras y palabras nuevas. Nuevo ingreso en la RAE de una mujer con planteamientos innovadores, ¿podemos decir revolucionarios?: “Habrá palabras nuevas para nueva historia”: ¿Quién puede afirmar que nuestra lengua no está abierta a los cinco puntos continentales?
Borges tiene un relato que se titula El libro de arena. En él un hombre vende a otro un libro cuyas páginas están hechas de arena, de forma que su contenido es infinito y caótico.“Sentí que era un objeto de pesadilla, una cosa obscena que inflamaba y corrompía la realidad”.