Cuaderno de bitácora

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Un concurso de redacción

Antonio J. Mencía - / /
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Cuidar el idioma debe ser un empeño de todos, desde los mayores a los más pequeños, y en este aspecto el fomento de la lectura destaca con un papel importante.

Ahora que quieren que las autonomías que cuentan con dos idiomas reciban una mayor financiación, estimo que aquella que es la cuna del castellano debería contar al menos con igual tratamiento por mantener una lengua que hablan más de 400 millones de habitantes del planeta -por poner una cifra, que quizá a estas alturas de siglo se quede bastante corta-. Eso, sí, o nos empeñamos en mimarla y transmitirla o finalmente acabaremos utilizando 500 vocablos y buscando el diccionario de sinónimos en las herramientas del Word permanentemente, porque no hay más que asomarse por el territorio para comprobar como se va degradando el idioma castellano en las grandes ciudades -solo se mantiene su esencia en pequeñas localidades-.

Quizá deberíamos viajar más para recobrar aquellas palabras que todavía en la América hispana se conserva, por eso es de agradecer el trabajo que está realizando la Real Academia de la Lengua (RAE) con el resto de academias americanas para redactar un manual de gramática "total", donde según García de la Concha, es la primera vez "en la que se va a ver el español como un gran mapa en relieve, con la unidad fortísima que tiene y con sus variantes en cada lugar". Una lengua, la española, sin duda en crecimiento, y para muestra un botón: nueve millones de niños lo estudiarán en Brasil el próximo curso, aunque habrá que ver finalmente si el sms logra acabar con cientos de años de historia.

Cuidar el idioma debe ser un empeño de todos, desde los mayores a los más pequeños, y en este aspecto el fomento de la lectura destaca con un papel importante. No solo la de libros, también la de periódicos, por eso debemos también en cada una de las páginas que editamos ser responsables de las palabras que usamos, intentar enriquecer cada uno de los textos, y utilizarlas con propiedad. Esta tarea de periodistas debe aplicarse también a los docentes de los primeros años de la ESO. Recuerdo, no sin cierta nostalgia, el concurso de Coca Cola de Redacción, que no sé si todavía se mantiene entre los escolares. Estaba en octavo de EGB entonces, entre los 13 y los 14, y nos quedábamos después de clase para escribir y escribir con el objetivo de llegar a la fase asturiana -a la que llegamos-, y luego la nacional. Fue la final regional en el Teatro Campoamor de Oviedo, donde se celebra la gala de los premios Príncipe de Asturias, y el aliciente entonces era encontrarse allí con el aventurero Miguel de la Quadra Salcedo. Han pasado treinta años y mientras Miguel sigue atravesando el mundo, otros peinamos ya el poco pelo que nos queda, pero se mantiene en la memoria ese gusto por escribir, por contar historias, por narrar vivencias que descubrimos en la adolescencia.

 


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