Cultura pese a la crisis
Cuando nuestros políticos se llevan la mano a la cartera pública y amenazan con una demostración de austeridad, la educación, el arte y la investigación se echan a temblar.
Cuando la crisis aprieta las clavijas en todas las costuras surge el espejismo del ahorro en la nadería y el recorte en las zarandajas, la quimera que emboba a los dirigentes de las instituciones empobrecidas por el clientelismo como criterio central de la estrategia de gasto. Así se anuncia a bombo y platillo la supresión del papel en esos altares de la burocracia llamados oficinas de la administración, con el propósito de que todo llegue por email y los funcionarios saquen por la impresora copias en papel de todos estos documentos, de manera que se incrementará el gasto en folios.
Así se recortan los presupuestos para eventos culturales, considerando que un festival igual puede rentar votos con cien que con cincuenta, que al fin y al cabo los artistas pueden comer de barato y alojarse en tiendas de campaña.
Así Berlusconi desmantela la educación pública con la consigna de que igual enseñan dos que uno, que lo importante es la materia y todo el cúmulo del saber universal está en Internet, consultado en el ordenador de casa que dotar a las escuelas de maquinaria resulta caro.
Así los gobiernos de Madrid y Valencia recortan el sueldo de los profesores universitarios, mientras sus ayuntamientos engordan la cuenta bancaria de cientos de asesores pagados para pensar o compensar, que de todo hay.
La cultura vive en crisis, de forma que la debacle de los mercados de capitales, el tobogán de la Bolsa que se asoma a los abismos, el colapso de la construcción, el aumento del paro galopante, la asfixia de las hipotecas o el encarecimiento del coste de la vida, no afectan a su esencia, sino que revuelven las conciencias y de ahí siempre surge la chispa de la inspiración.
Los escritores combaten la crisis como los pintores o los músicos, buscándose la vida, abriendo sus propios minimercados en Internet, prescindiendo de los intermediarios, llamando a la puerta de los lectores-compradores con la cestita de su obra. La crisis agudiza el ingenio y el refuerzo de la estulticia de los políticos olvidados de sus tareas de mecenazgo con el dinero de todos sólo puede provocar un estallido de imaginación. Ojalá.
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