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El cupo y la felonía

Julián Ballestero - / /
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La fechoría de los diputados y diputadas pastoreados por Óscar López les pasará factura en las próximas confrontaciones electorales

El tiempo es curvo, como demostró Einstein, pero la Historia no es cíclica. Por más que el PSOE, el PNV y unos cuantos miembros de la claque parlamentaria se empeñen, España no volverá al XIX y las guerras carlistas. Sin embargo, el hombre mantiene su empeño en figurar como único animal de la creación capaz de tropezar tres veces en la misma piedra, y además adrede.

En lugar de corregir las bajadas de pantalones de los padres de la democracia ante los privilegios vascos y navarros, los actuales representantes del pueblo español en el Congreso acaban de sellar un ominoso acuerdo para blindar el Cupo Vasco, que no es otra cosa que la consolidación por ley de la vieja idea de que los vascos son más guapos que el resto de los españoles, y sus diputaciones forales más ricas e independientes que las demás. Todo ello en perjuicio, entre otras comunidades, de Castilla y León, que compite en desventaja con sus vecinos de arriba a la hora de atraer empresas porque no puede ofrecer las mismas rebajas de impuestos.

A los castellanos y leoneses la vergonzosa sesión parlamentaria del martes nos amarga por dos motivos. En primer lugar, porque el asalto a los principios constitucionales de igualdad se produce justamente cuando no gobiernan los nacionalistas radicales en el País Vasco. Podíamos esperar una puñalada trapera del PNV, promotor e impulsor del blindaje a cambio de seis votos favorables al despropósito presupuestario de Zapatero, pero cuando te la propina el PSE de López apoyado por el PP vasco de Basagoiti, duele más.
Y en segundo término, duele de forma especial comprobar que todos los diputados socialistas elegidos en las nueve provincias de Castilla y León votaron como un solo hombre en contra de los intereses de sus representados, mientras el Grupo Popular votaba en contra. En sentido opuesto, los tres diputados del PP vasco se salieron del Congreso para no verse obligados por disciplina de partido a decir ‘no' a una ley que amarra los privilegios de quienes les votaron. Esa fechoría de los diputados y diputadas pastoreados por Óscar López les pasará factura en las próximas confrontaciones electorales y les condena a no ganar en Castilla y León hasta que vuelva el cometa Halley. Porque la historia no retorna, pero los ciudadanos no olvidan.


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