Declamar en el desierto
La vagancia nos lleva a quedarnos en casa para ejercitar la curiosidad con la enemiga tele en lugar de cultivar el espíritu con una saludable conferencia
Había más público en el Everest aquel soleado día de mayo de 1953 cuando Edmund Hillary subió por primera vez que el pasado lunes en las conferencias celebradas en Soria con motivo de la Feria del Libro de esa capital. El centro cultural Gaya Nuño estaba más desierto que la recocina de un agujero negro cuando los poetas José María Muñoz Quirós y Jesús Losada avanzaban sus sentimientos sobre los coloquios de Bécquer.
Los sorianos, como tantos españoles, no están para poesías en estos tiempos de angustia. Si alguien quiere congregar multitudes no tiene más que organizar una paella popular; pero si lo que busca es la intimidad del vis a vis, o la soledad del conferenciante, el mejor camino consiste en organizar una jornada poética.
Cuando aprieta el hambre se pierde el interés por el lenguaje. O, como diría el último de la fila, cuando la pobreza entra por la puerta la literatura salta por la ventana. Y eso que los libros pueden considerarse una buena inversión: ofrecen decenas de horas de diversión por muy pocos euros y además pueden ser reutilizados y reciclados por las siguientes generaciones. Puestos a ahorrar, la vagancia nos lleva a quedarnos en casa para ejercitar la curiosidad con la enemiga tele en lugar de cultivar el espíritu con una saludable conferencia.
De vagos que nos hemos vuelto, ya ni nos esforzamos por expresarnos bien. Y eso que Castilla y León alardea de marca con los ciudadanos mejor hablados. Lo dijo el mismo lunes alguien de cuyo verbo siempre conviene tomar nota, José Jiménez Lozano, escritor abulense y Premio Castilla y León de las Letras 1988: "La calidad de la lengua castellana al uso deja mucho que desear; tendríamos que tener cuidado en hablar bien el castellano, algo que actualmente sólo hacen bien algunos profesores y algunos campesinos". Coincido con él en el cincuenta por ciento: yo quitaría a los profesores.
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