La dificultad de escuchar
El español no se puede convertir en elemento de diferenciación, sino de identidad, y quien lo utiliza con afán de enfrentamiento cae en la necedad
José María Merino, escritor reconocido y recientemente laureado con el Premio de las Letras de Castilla y León, miembro de la Real Academia de la Lengua desde hace apenas un mes, presentó el pasado lunes en León su última novela, "La Sima". El acto, concebido como una tertulia junto a dos destacados críticos literarios, Nicolás Miñambres y José Enrique Martínez, sirvió perfectamente de excusa, tal vez no buscada, para profundizar en el mal que aqueja a los españoles últimamente: la incomunicación, las ideas preconcebidas como único argumento en la discusión.
"La Sima" es una novela que profundiza en la memoria histórica, aunque nada tiene que ver con la utilización partidista que se la ha querido dar a este término. De hecho, recuperar y enterrar a los muertos no es un asunto ideológico, sino una obra de misericordia. "Es difícil por qué esto provoca enfrentamiento entre los españoles", dijo Merino.
Un estudiante se recluye en el pueblo e investiga unos hechos trágicos de la guerra civil española que llevaron al abuelo a la muerte, un cadáver arrojado en la sima. Dos protagonistas, primos carnales, representan los dos bandos fratricidas, José Antonio y Fidel, en clara alusión a personajes que en sí mismo simbolizaban una concepción política, aunque uno en España y el otro en Cuba.
Dejando a un lado la novela, lo que suscitó el interés de las personas que acudimos a la presentación del libro, fueron las reflexiones en torno al afán desmedido de los españoles por estar siempre enfangados en luchas fratricidas. Para Merino, la existencia de ETA es una demostración más de esa dificultad del pueblo español para vivir en paz. Por eso, Merino se confesó entusiasta de la Transición española, el periodo definido por la voluntad de acuerdo entre los españoles después de la muerte de Franco.
La concordia está en el fondo de la novela, la necesidad de establecer acuerdos que no implican la renuncia a nada. El propio Merino se declaró republicano, lo que sin embargo, explicó, no entra en contradicción con el hecho de acatar y defender la Constitución actual, monárquica, porque es en la que nos ha tocado vivir a los españoles ahora. La convivencia sustentada sobre lo posible y compartido, que también significa cesión, y no sobre las ideas excluyentes de quien posee la fuerza.
Los españoles hemos sido proclives al enfrentamiento, a las luchas cainitas, y sólo la "prosperidad" de las últimas décadas nos ha aplacado. Un nivel de confrontación exacerbado por los partidos políticos, dedicados con fruición a soliviantar al país. En opinión de Merino, esta tensión tiene un punto de partida más acentuado tras el atentado del 11-M.
La confrontación abarca todos los ámbitos y no es menor en el ámbito de las lenguas. Merino no entiende que en determinadas comunidades autónomas el hecho diferencial del idioma propio se utilice para adoptar posiciones en contra del español, una lengua universal que suma y no resta a quienes además conocen otros idiomas dentro de la misma nación. El español no se puede convertir en elemento de diferenciación, sino de identidad, y quien lo utiliza con afán de enfrentamiento cae en la necedad.
Confrontación en los mensajes y en las lenguas que los trasmiten, como deriva de posiciones alentadas por quienes utilizan cualquier resorte, noble o artero, para conseguir el poder. Una forma de prostituir la libertad.
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