El dinero de todos
Llegará un momento en el que el sufrido ciudadano estalle, cuando perciba con más nitidez que de lo que se está hablando no es de dinero ajeno, sino del dinero propio
La alegría, la insensatez en ocasiones, con la que los políticos disponen del dinero público posiblemente no sea algo nuevo, pero la crisis que afecta a millones de familias ha provocado una mayor sensibilidad hacia estos asuntos y, sin duda, un gran cabreo en el futuro. Encuestas recientes revelan que la trama de corrupción montada por gente del PP no afecta electoralmente al partido y que son otros asuntos, más ideológicos o en relación con la respuesta que el Gobierno está dando a la crisis económica, los que hacen bascular el voto en uno o en otro sentido. Es probable que los ciudadanos tengan asumido, y descontado electoralmente, que las prácticas corruptas de las que se habla han existido siempre y que nadie está libre de culpa.
Suponiendo que esta explicación se ajuste a la realidad, no puede ocultar tampoco que llegará un momento en el que el sufrido ciudadano estalle, cuando perciba con más nitidez que de lo que se está hablando no es de dinero ajeno, sino del dinero propio. A partir de ese momento, comenzará a relacionar noticias, a sumar dinero evaporado y a sentirse un paria de la tierra.
Un juego. Hagamos un simple ejercicio de agrupación de noticias publicadas en los dos últimos días.
Al presentar la denuncia contra Camps por la trama de corrupción en Valencia, los socialistas han desvelado que el canal autonómico de Televisión, Canal 9, presuntamente desvió tres millones de euros a la trama Gurtel amparándose en los gastos de megafonía ocasionados por la visita del Papa. Canal 9 contrató con una empresa constructora, que servía de pantalla, la instalación de la megafonía por más de seis millones de euros. La empresa que ejecutó la obra, que lógicamente no era la del ladrillo, facturó tres. Se supone que los otros tres se los repartieron los de la trama.
El Parlamento Catalán contrató a un traductor con el fin de que sirviera de intérprete entre catalanoparlantes y los miembros de una delegación de Nicaragua que visitaba Barcelona. No hay que decir que en Nicaragua se habla español y que los catalanoparlantes también hablan y entienden el idioma castellano. No se sabe si el contrato tenía como objetivo el pago-cobro de alguna comisión, prebenda o mordida, era la tapadera, o bien si se trata de pura estulticia. El portavoz adjunto del Parlamento Catalán, el socialista Juan Ferrán, cree que "los idiomas oficiales no se tendrían que traducir entre sí cuando todo el mundo los entiende". Por lo menos este señor parece sensato.
En León el alcalde ha quitado las atribuciones al concejal de Cultura porque en una página web editada en Lleunés, idioma de la provincia de León que no habla nadie, el representante ciudadano en cuestión hacía apología del nazismo. Como "castigo", el concejal seguirá cobrando más de 400.000 euros al mes, sin otra responsabilidad que la de asistir a reuniones de comisiones, plenos y otros comités paraoficiales. A muchos ciudadanos este dinero les parece mucho por tan poco.
Es cierto que alguien puede argumentar que esta agrupación de noticias se ha hecho de forma tendenciosa, buscando inducir el pensamiento de las personas que lean este comentario hacia un objetivo concreto y descalificador. Así es, pero eso no resta un ápice a la verdad y tampoco impide concluir que es inmoral avasallar al contribuyente con incrementos de impuestos que se dilapidan y arrojan por las alcantarillas.
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