El discurso del genio
El genio que nadie niega a Arrabal muchas veces ronda la broma con ese sentido de la ‘hybris’ griega que a muchos les parece una tomadura de pelo tan alejada del arte como un eructo
Llegó Fernando Arrabal a Ciudad Rodrigo para proyectar la Feria Internacional de Teatro al mundo con su figura estrambótica, polémica y transgresora. Raúl Herrero le sirvió de cicerone en la jornada inaugural con un espléndido panegírico de su obra, y los mirobrigenses, junto a las autoridades de la cultura regional y nacional, celebraron con albricias el arranque de otro certamen teatral destinado a renovar el concepto de la escena desde un rinconcito humilde pero atrevido de Salamanca.
El momento de elevar a Arrabal a los altares nos enfrenta al dilema del genio incomprendido, del que durante muchos años no ha sido profeta en su tierra; y ahora que le honran, no le entienden.
Tampoco hay que culpar al público salmantino, como al resto de los aficionados al teatro y la literatura en España, por no haber aprehendido el alma del autor de la ni siquiera famosa ‘Carta al General Franco'. Sucede que Arrabal ha lanzado sus perlas desde un universo paralelo, con desprecio siempre por la generalidad y como tributo reservado a quienes comparten con él la embriaguez revolucionaria de la locura que rompe con todo. Se decantó por las elites y ahí se ha instalado.
El melillense criado en Miróbriga, famoso y adorado en Francia o Estados Unidos, es más conocido en España por su capacidad para reventar un programa televisivo con argumentos etílicos (celebrado por Sánchez Dragó) y para epatar a la concurrencia con las sentencias alucinantes publicadas en El Mundo que por ninguno de sus cientos de libros de poesía, sus películas o sus novelas.
El genio que nadie le niega muchas veces ronda la broma con ese sentido de la ‘hybris' griega que a muchos les parece una tomadura de pelo tan alejada del arte como un eructo.
Lo que no cabe discutir es que su presencia contribuyó a difundir el arranque del festival de la escena en Ciudad Rodrigo, una labor de promoción impagable en estos tiempos de obligado ahorro en campañas y publicidades.
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