Dos dramas
Más de 100 jóvenes, con una media de edad de 20 años, estuvieron al menos ingresados durante una semana el año pasado en el Complejo Asistencial de Burgos por sus problemas con las drogas; la noticia, publicada en nuestra edición del pasado martes, es un golpe en la línea de flotación de la sociedad en la que nos encontramos, porque detrás de cada número, del 1 al 131 de ingresados, hay una historia vital con un futuro nada halagüeño. Hace unos cuantos años recibía la llamada del padre de un amigo. ‘Miguel está en la cárcel’, me decía. ‘Le acaban de detener mientras asaltaba un banco’. Ni sus padres ni sus amigos éramos conscientes de hasta que altura había llegaba su dependencia de la droga. Cuando empezaron a recapacitar entendieron algunos comportamientos y los años que siguieron fueron un drama para sus padres y sus hermanos. Afortunadamente Miguel, después de muchas vicisitudes, ha superado la adicción y ha formado una familia, pero sus ‘proveedores’ obligaron a que todos se cambiaran de casa, de barrio, de ciudad, hasta que no se fueron no pudieron vivir relativamente en paz.
Esta semana se conocerán las cifras de la Encuesta de Población Activa. Estaremos cerca de los cuatro millones de desempleados y un porcentaje de parados donde solo Sudáfrica se encuentra por delante. La vida de los parados -los de la búsqueda del primer empleo, los de larga duración...- y sus familias son otro drama. No menor que el de la droga. Sin recursos, no hay futuro. Con solo la educación no basta, y debería ser la primera obligación de nuestros gobernantes, antes que la paz, el medio ambiente o la alianza de las civilizaciones. Parece que el presidente del Gobierno hubiera abandonado estas obligaciones y esperara una solución que le viniera del cielo.Son estos el auténtico problema contra el que hay que luchar, porque detrás de cada consumidor de droga, detrás de cada parado, hay una tragedia en la que todos debemos estar empeñados.
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