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Dos meses sin Crémer

Fernando Aller - / /
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Recortes de los escritos más recientes de un hombre que a sus 102 años mantenía viva la mente y el espíritu comprometido con la pujanza de su juventud

El jueves 27 de agosto se cumplen dos meses de la muerte del poeta, escritor y periodista, Victoriano Crémer. Un referente para muchas generaciones, pero sobre todo una referencia a la firmeza de pensamiento y a la constancia en el trabajo. Con 102 años, escribió hasta una semana antes de su muerte y sus artículos se siguieron publicando 18 días después en el periódico en el que colaboraba desde hace décadas, el Diario de León. Así era de prolífico en su vocación y en el rigor al trabajo.

Releer a Victoriano Crémer, nacido en Burgos en el 2006 o en el 2007, que alguna duda existe, dos veces preso en las cárceles del franquismo y en libertad finalmente por sus conocimientos de la imprenta, publicó sus primeras letras en un periódico al cumplir los 20 años. Ya no abandonaría la pluma para expresar sus ideas en los 82 años siguientes. Tal vez un caso único en la historia del periodismo mundial. Su muerte ha dejado un vacío imposible de llenar en las letras españolas y en periodismo leonés. Pero siempre nos quedará su pensamiento. Al releer sus escritos, sorprende la lucidez con la que abordaba los más variados asuntos de actualidad a edad tan centenaria. He aquí algunos ejemplos:

"Un negro en la Casa Blanca. Todavía nos acosaban los recuerdos de un gobierno brutal y sin escrúpulos y de una ambición desmesurada para que no resultara sorprendente y deseado este nuevo espíritu de gobernación en el cual al menos se espera un concepto de justicia menos cruel que el que había caracterizado el dominio del Bush de Guantánamo".

"El Bien Pagado: Y no es que lamente ni que me alarme el hecho de que el señor Cristiano Ronaldo se ponga las botas: lo tremendo es que la mayor parte de la biografía del país no tiene para botas".

"El obrero caro. Como era un obrero conocido y honrado llamaba a todas las puertas como un mendigo. Don Fulano, que es que me he quedado sin trabajo y pensaba que usted no dejaría de echarme una mano. Y el patrono le contemplaba fingiendo una lástima de lagrimeo y le contestaba. Coña, qué pena de situación la tuya. Yo bien quisiera ayudarte pero es que tú resultas un obrero caro y todo andamos en ahorro, caiga quien caiga. Pues usted perdone, don como se llame, que ya ni quiero acordarme".

"No nos quieren en el G-20. Ni somos ni más ni menos de lo que somos, y la triste figura de nuestro señor Presidente mendigando de puerta en puerta un puesto en la imponente reunión, más bien nos da pena, mucha pena. No por el señor presidente, que para eso está, sino por el mísero español víctima segura de una confusión".

"El botellón. La noticia de este ensayo general con todo de la fabulosa farsa del Botellón ha conseguido electrizar a una juventud, tan desorientada y triste que no concibe otra forma de salir de su propio atasco sicológico, cultural o religioso que citarse en manada en cualquiera de las plazas de España para proclamar, quizá, la impotencia que tiene esta clase de contactos multitudinarios para la cohesión, la prosperidad y el buen rumbo de la nave de la España moderna".

"La píldora y el condón: La buena voluntad del señor ministro de Sanidad es indiscutible pero quizá convendría, para socializar un poco la medida, que el Ministerio al cual correspondiera la asistencia, proveyera a los activistas de los medios económicos para sostener el sistema, teniendo en cuenta que hoy el amor no es deporte barato y el condón, como la píldora, debería declararse terapéutica y subsidiada para los temperamentales. Y en tanto, atened la máxima de la Sorbona: "Amaos los unos encima de los otros. Amén".

"Los soldados mueren. La guerra, incluyendo aquella tan solapadamente traidora como la guerra de religión -que también existe- es solo portadora de la muerte más sucia, más hedionda, más miserable de cuanto el hombre ha inventado y montado para matar al hombre. Y cuando algún aventurero se cubre de colores y de hierros de muerte con el ánimo de suscitar admiración y conseguir un puesto a la diestra de algunos de los dioses, lo que en verdad se está haciendo es un ensayo general con todo para imponer un estilo de muerte, un signo de maldad enmascarada, un título de matón por necesidad. Porque la sociedad actual se ha construido con material de muerte".


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