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La feria de los egoísmos

Julián Ballestero - / /
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Si alguien quiere asistir al mayor espectáculo del mundo en la feria de los egoísmos, no tiene más que darse un garbeo por la avenida de las financiaciones autonómicas. Allí encontrará a los mercaderes de los fondos del Estado regateando con los tratantes de las haciendas regionales. Cualquier añagaza, cualquier amenaza sibilina o declarada, cualquier tipo de presión política o mediática es bienvenida en la pelea por el jugoso pastel que repartirá el Gobierno central entre las regiones.

Ninguno de los subasteros admite concesiones a la solidaridad o la igualdad entre territorios. Nadie se atreve a mencionar argumentos como la largueza, la gentileza, la bonhomía u otras cualidades del ser humano. La negociación del nuevo sistema financiero se plantea en los más crudos términos de voracidad autonómica. Dado que la tarta no va a engordar, cada región intenta cortar el cacho más grande.
Bajo la carpa de esta feria de las ambiciones los partidos montan sonrojantes espectáculos como el de la reunión de líderes del PP el pasado martes en La Rioja. Mandatarios de autonomías gobernadas por los populares escenificaron un acuerdo para la galería sobre criterios de reparto: primará la población, pero se tendrá en cuenta el territorio. Como siempre, lo de siempre. Lo mismo que dijo en su día Solbes: una falacia más en la lista.

Rajoy, como Herrera y el resto de dirigentes del PP, saben que también en su partido prima el egoísmo sobre las filosofías. La pela aplasta los ideales. Los ricos, Madrid y Valencia entre ellos, quieren imponer el peso de sus muchos habitantes, engordados con el chorro de la inmigración; mientras los pobres, como Castilla y León, suplican el favor del coste de la dispersión y el envejecimiento. Entre todos pactaron una fórmula, un texto ambiguo que vale para todo y para nada, un compromiso fruto del desacuerdo y la prevalencia del interés sobre la solidaridad.

Nadie conoce a nadie en esta puja multimillonaria y desigual.

A nada que se rasque aparece nítida la banalidad del acto. Porque serán Zapatero y Solbes quienes subasten los fondos al mejor postor, quienes entreguen más dinero del Estado a quien les asegure más votos en el Congreso, más apoyo a los presupuestos o más connivencia en autonomías y ayuntamientos.

Nadie conoce a nadie en esta puja multimillonaria y desigual. No hay equilibrio: si de un lado tira el club de los poderosos con Madrid, Cataluña, Baleares y Valencia al frente del equipo, y del otro resiste el pelotón de los pequeños, con Castilla y León, Castilla-La Mancha, Extremadura y Galicia como adalides, ¿quién se llevará el gato al agua? Hasta Solbes, que no supo predecir la crisis, puede adivinarlo.


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