Gente corriente
La vida real en que nos ha colocado la situación económica
Esta semana he topado con una camarera que trabaja en una gran superficie, joven, con horarios endiablados, cuya familia procede del sur de nuestro país pero ya ella nacida en esta sobria tierra castellana, que intenta sacar como puede, a fuerza de mucho esfuerzo, a sus dos hijos pequeños. Como ella hay muchas madres que intentan compaginar su vida laboral y familiar sin apenas ayudas. Es una de las asignaturas pendientes laborales de todos los gobiernos que nos han dirigido en España.
No hace muchos días tampoco la conversación era con una directora de oficina de una pequeña entidad bancaria al norte de Madrid, donde la presión por conseguir el número de objetivos marcados por sus jefes le obliga a sobrevivir en la capital. Hay profesiones de riesgo donde además las prejubilaciones y los despidos están a la orden del día.
Otros trabajadores afrontan, como pueden, la situación de empresas antes prósperas, ahora agobiadas, que han cambiado sus condiciones debido a la crisis económica y quizá a una mala planificación. Más de un millón de familias actualmente cuentan con todos sus miembros parados. Ese es un auténtico drama. Más de cuatro millones de españoles, aseguran las cifras oficiales, no tienen empleo, veinte mil de ellos residen en la provincia de Burgos, desde donde escribo.
Mientras tanto, una viuda con dos hijos intenta encontrar el mayor número de hogares donde la puedan contratar para echar una mano porque la pensión de viudedad apenas supera los 500 euros y menos mal que el piso ya lo tiene pagado.
Son apenas cuatro rostros desdibujados sobre personas con las que me he encontrado esta última semana atravesando las calles de Burgos. Es la vida real en que nos ha colocado la situación económica.
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