Golpe bajo a la cultura
Cuando la pobreza entra por la puerta, la cultura salta por la ventana
No hacía falta sacarle las tripas a ningún pájaro sacrificado mirando al sol naciente ni consultar al oráculo de Delfos para adivinar que la crisis se llevaría por delante la cultura. Si le ponemos música: ‘Cuando la pobreza entra por la puerta, la cultura salta por la ventana'.
Esperanza Aguirre ha tenido el dudoso honor de abrir la senda a machetazos al suprimir la Consejería madrileña con la excusa del ahorro y la lucha contra la depresión. En lugar de recortar el presupuesto para aparatos de vigilancias y contravigilancias; mejor que despedir a unos cientos de componentes de su impresionante cohorte de asesores; mejor que recortar algunos de esos viajes de los que vuelve descalza; en vez de frenar la sangría de pérdidas en el canal autonómico de su confianza, la presidenta madrileña prefiere limar gastos en la gestión de las bibliotecas, los museos, los archivos y las editoriales.
Al infierno esos centros que tanto dispendio generan y tan pocos beneficios reportan. Al menos así se piensa en los altares del ultraliberalismo.
La propia Aguirre deslizó el argumento clave al presentar su plan de recortes el pasado miércoles: "Lo que requiere la crisis no es más Estado y menos mercado, sino más mercado y mejor regulación".
Si resucitara algún griego de la época clásica, diría que Atenea está perdiendo la batalla frente a Mercurio. Aunque nadie ignora que a largo plazo resulta suicida prescindir de los saberes y los valores, lo cierto es que en rentabilidad a corto flojean.
Con la cultura pasa lo mismo que con el conjunto de la economía: ningún político tiene agallas para mirar al futuro, para exigir sufrimiento ahora a cambio de dejar un mundo mejor a las generaciones venideras. Por eso Rodríguez Zapatero, al igual que otro gran pelotón de mandatarios mundiales, incluido Obama, va a endeudar a su Gobierno hasta las cachas durante décadas para salvar el tipo ante la crisis. Pan para hoy y hambre para mañana. Mercado en lugar de ateneo. El alimento del espíritu no cotiza en Bolsa.
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