Cuaderno de bitácora

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Hermanas pobres

Antonio J. Mencía - / /
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Al fin y al cabo pagamos nuestros impuestos y queremos que repercutan en una mayor y mejor calidad de vida

Es habitual que a la hora de repartir los presupuestos -en las autonomías o en el mismísimo Reino de España- sean los mismos departamentos las hermanas pobres: Justicia y Cultura.

Siempre estarán por delante aquellas políticas que demanda la sociedad del bienestar de la que difícilmente ya podemos apearnos y que en numerosas ocasiones acude al gratis total. Es el caso de la Educación, la Sanidad o los Servicios Sociales. Al fin y al cabo pagamos nuestros impuestos y queremos que repercutan en una mayor y mejor calidad de vida.

¿Quién es el político que se atreve, por ejemplo, a coger el toro por los cuernos en el copago farmacéutico o en el gasto sanitario? Cataluña ha iniciado un debate provocado por la crisis económica, pero también por un aumento geométrico presupuestario y quizá por una gestión ineficaz de los recursos. Con la Cultura, en cambio, no hay dudas de conciencia ni problemas pequeños o grandes en que sea recortada, acostumbrada ella a ser utilizada para fotos más o menos oportunas en tiempos electorales. La Cultura, con mayúsculas, abarca desde la historia de nuestros ancestros al mantenimiento del patrimonio o el desarrollo de nuestra lengua, en este caso la española, que no debe ser solo conservada, sino también protegida e impulsada. La Cultura forma parte de los cimientos de cada comunidad. Olvidarse de ella es también renunciar a la esencia de cada pueblo. Reflexionar sobre ella puede marcar las pautas de un futuro mejor, en convivencia y en responsabilidad.


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