Horizonte despejado para el carbón
El Gobierno impone un acuerdo para que las compañías eléctricas consuman carbón nacional y no compitan por precio con el mineral exterior
Rodríguez Zapatero mantiene la costumbre de sus predecesores socialistas en la Presidencia del Gobierno de acudir a la zona minera de Rodiezmo, en el límite de las provincias de Asturias y León, como símbolo del fin del periodo de vacaciones, aunque en algunas ocasiones su agenda ya ha realizado un considerable recorrido. Este año la fecha elegida era el 6 de septiembre y la expectación estaba centrada en conocer si tenía soluciones para la crisis del carbón. Prometió que sí y por lo que hoy se sabe, así ha sido.
Hay dos razones que se han cruzado y que han provocado una situación a medio plazo insostenible. La fundamental, la reducción mundial del consumo energético a causa de la crisis. Esta situación había provocado que el carbón que salía de las minas fuera acumulado en montones peligrosamente crecientes, porque las centrales térmicas que consumen el mineral también tenían sus instalaciones de almacenaje saturadas. El Gobierno ideó una primera medida a bote pronto inservible; que la empresa pública Hunosa se hiciera cargo de los superstokcs. El problema de transporte y el financiero hacían inviable esta solución a medio plazo.
Como consecuencia de esta situación en el consumo de energía se ha producido otro fenómeno: el precio internacional del carbón ha bajado. La consecuencia es obvia, las compañías eléctricas prefieren quemar sólo carbón exterior. Así fue siempre y nadie se imaginaba un escenario diferente. Para corregir estos efectos perjudiciales para la minería española, hace años entró en vigor un pacto en virtud del cual las compañías eléctricas estaban obligadas a comprar el carbón nacional y el Gobierno se comprometía a pagar el exceso de precio. Aquella situación dejó de aplicarse porque, entre otras razones, de forma un tanto sorprendente, el precio internacional del carbón superó el precio fijado en España, el que se consideraba justo, o mínimo, para que las minas pudieran seguir abiertas. Es decir, que las eléctricas compraban mineral español sin necesidad de otros estímulos adicionales. Pero la tortilla se ha dado la vuelta y ahora las eléctricas preguntan quién les paga la diferencia entre el precio fijado en España y el más bajo del exterior. Y el Gobierno ha dicho, aquí estoy yo. Como las subvenciones fijas están prohibidas en la Unión Europea, se ha buscado una fórmula para sortear el bache. El Gobierno cubrirá las diferencias de precio cuando las haya y en la cuantía que exista, de forma que si algún día el carbón internacional vuelve a igualar o sobrepasar al precio español, deja de ser interesante para las eléctricas españolas, desaparecen las ayudas. El acuerdo pactado llega hasta final del 2010. Y cruzando los dedos para que en el 2011 la actividad industrial se recupere, las fuentes de energía vuelvan a subir por las nubes y la hulla, la antracita y el lignito alcance de nuevo unos precios elevados, con los que pueda competir la minería española. Son las cosas de la economía.
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