Huérfanos
Solo nos queda confiar en que el país que abrió el camino de la crisis, reinicie la solución a sus problemas.
Hace pocos días que un buen amigo, arquitecto y tertuliano, definía la situación actual en este país como si nos hubiéramos quedado huérfanos. Huérfanos de un líder necesario en tiempos de dificultad. Escribo mientras escucho el debate en el Congreso de los Diputados, con la televisión encendida en el canal 24 horas. Habla Zapatero, habla Rajoy, le toca el turno a Durán Lleida, tiene que esperar varios minutos a que más de la mitad de los congresistas abandonen el Pleno. Tampoco ha sido tanto el tiempo utilizado por el presidente y el jefe de la oposición como que tengan urgentes necesidades -aguas menores, que dirían mis padres-, pero ahí se queda el Congreso, medio vacío, también el banco azul; después de llevar casi dos meses de vacaciones. Las siguientes intervenciones se las reparten los distintos grupos parlamentarios. Llamazares lamenta que el solo hable cinco minutos representando a más de un millón de votantes, y otros tengan quince y no llegan a trescientos mil. Llamazares tiene razón, pero debería irse, si quiere salvar la imagen de Izquierda Unida.
El pleno del Congreso -salvo el anuncio de Zapatero de aportar más dinero para los desempleados, a cambio de ajustar 1.500 millones en los presupuestos- ha pasado sin pena ni gloria, enturbiado por las detenciones de varios políticos y empresarios y sobre todo por la preocupación de los españoles acerca de una crisis real que crea más de 7.000 parados cada día.
De mensajes cansinos, repetidos, desilusionantes comienzan a estar cansados los ciudadanos, en busca de un líder más que necesario, capaz de devolver la ilusión en el futuro. Solo nos queda confiar en que el país que abrió el camino de la crisis, reinicie la solución a sus problemas de la mano del nuevo presidente. Todas las miradas están puestas en Obama.
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