Cuaderno de bitácora

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De la ilusión a la eficacia

Julián Ballestero - / /
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Los sueños han sido reemplazados por el pragmatismo.

La exposición de las Cortes regionales sobre los 25 años de Autonomía acaba de aterrizar en Salamanca con su cargamento de fotos nostálgicas y paneles didácticos, colgados de los muros de una Universidad que camina hacia los 800 años de vida. Frente a una entidad con ocho siglos de empeño en la ilustración de cerebros jóvenes y privilegiados, las instituciones autonómicas se presentan como el recién nacido que retoza en brazos la abuela cariñosa.

Cinco lustros "no son ná" para exigir peras de historia al olmo de Castilla y León, pero las instantáneas al menos dan cuenta de la metamorfosis experimentada por los protagonistas de la vida autonómica. Los profesionales de las ramas del derecho, la economía y otras humanidades que llegaban a la política imbuidos de ilusión e idealismo han mutado hacia el político profesional, que ha perdido aquella inocencia primigenia para especializarse en la disputa parlamentaria y la gestión eficaz.

Los sueños han sido reemplazados por el pragmatismo. También por el camino han perdido la caspa, la ‘bisoñez' y una parte (solo una parte) del provincianismo. En un cuarto de siglo la Comunidad ha creado una casta de dirigentes que ya no utilizan el Parlamento y la Junta como trampolín para ganarse un puesto de relumbrón en Madrid. La actividad autonómica ha adquirido sentido por sí misma, aunque todavía los dirigentes mantienen el arraigo en sus provincias, donde son elegidos y donde tendrán que buscarse de nuevo las alubias cuando abandonen los salones dorados de Valladolid.

La muestra reunida por la Fundación Villalar ilustra con una oportuna selección de documentos gráficos (se echa de menos el recurso a otros medios tecnológicos más avanzados) el transitar de Cortes y gobiernos, reyes y mandatarios, por las sedes de las instituciones autonómicas. No era el objetivo, claro está, pero en la exposición clama a los ojos del visitante, como un agujero negro en las paredes del Patio de las Escuelas de la Universidad charra, la ausencia de la sociedad castellana y leonesa. Parece como si los notables avances en la Administración, la consolidación del autogobierno y la notable capacidad de esas instituciones para influir sobre la vida de los ciudadanos, no hubieran acabado de calar en los hombres y mujeres de esta tierra.

El mundo de la cultura salta en algunas fotos como un intruso en el universo de la política. Porque, si algo queda pendiente tras 25 años de recorrer caminos, es sin duda la consolidación de señas de identidad culturales propias. A estas alturas de la autonomía, Castilla y León ni siquiera ha acabado de fraguar su imagen de marca como tierra de la lengua española, como enclave privilegiado para hablar, enseñar y aprender castellano.

Perdida la inocencia, buscaremos el orgullo durante otros 25 años.

 


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