Cuaderno de bitácora

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La interpretación de las pesadillas

Julián Ballestero - / /
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Trabajar en Bolsa tiene hoy en día más peligro que un puesto de conductor de ambulancias en Afganistán.

Defender el castellano en Cataluña puede provocar más problemas que ayudar a una mujer desagradecida cuando le pega el marido.

Cuadrar las cuentas del Estado con datos de paro y crecimiento falseados y con los voraces nacionalistas empeñados en llevarse tarta y media provoca más dolores de cabeza que tapar el agujero financiero (que se lo digan a Solbes).

Mantener la calma en estos tiempos convulsos se antoja más complicado que explicarle las causas de la bancarrota mundial al encargado de las letrinas de Guantánamo. Vivimos tiempos convulsos.

El planeta tirita, también de frío. El calentamiento global ha provocado un efecto inverso, que no invernoso, y el casco polar ha crecido siete metros en 2008, el año más frío de la década por las latitudes árticas, según científicos japoneses de toda confianza.

Los mercados internacionales tan pronto se recalientan como se hunden, se disparan o se congelan. A su antojo y sin más motivo que la siempre veleidosa desconfianza.

La UEFA sanciona a la Policía en el Calderón y condecora a los bárbaros que destrozaron el estadio, mientras los bestias de los ‘hooligans· británicos se quejan de los minoritarios abucheos racistas de los hinchas del Bernabéu.

La solidaridad entre regiones se demuestra cortándole el grifo, por escrito y en el Estatuto, al vecino sediento, como pretende Barreda ‘el generoso·.

En Castilla y León los dos partidos mayoritarios acuerdan no politizar las cajas de ahorros con un pacto político para despolitizarlas, al mismo tiempo que utilizan su influencia política para obligarlas a fusionarse. Atravesamos un tiempo de crispación, incoherencia y paradoja.

La actualidad supone un reto sublime a la capacidad de interpretación de los humanos

La actualidad supone un reto sublime a la capacidad de interpretación de los humanos. Nunca tantos se empeñaron tanto durante tanto tiempo en complicarnos tanto la vida a tantos. Si no teníamos suficiente con interpretar la factura del gas, calcular el subidón de la hipoteca, entender las notas y los libros del niño, sondear el fondo de la cuenta corriente y el límite de la tarjeta de crédito, comprobar la flema de los amigos a los que pides un pequeño préstamo para llegar a fin de mes y mantener contento al jefe para evitar engrosar la cola del paro, ahora llegan los políticos a caballo de los periodistas para destrozarnos las neuronas con toda suerte de crisis y recesiones.

Ahora mismo sólo los sueños tienen una interpretación clara, que diría Freud en el diván. Llegó el día en que se cumplieron vuestras peores pesadillas, señores banqueros. Y los demás, soñamos que el suelo desaparece bajo nuestros pies.


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