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Por la lengua se pierde el dandi

Celso Almuiña - / /
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Nuevo Diccionario de la Lengua Española, con nuevas palabras y palabras nuevas. Nuevo ingreso en la RAE de una mujer con planteamientos innovadores, ¿podemos decir revolucionarios?: “Habrá palabras nuevas para nueva historia”: ¿Quién puede afirmar que nuestra lengua no está abierta a los cinco puntos continentales?

La tesis de la nueva académica, Inés Fernández-Ordóñez - La lengua de Castilla y la formación del español- sostiene, frente a la ortodoxia oficial, que el español no procede únicamente del tronco lingüístico castellano (Menéndez Pidal), puesto que "nuestra lengua no puede identificarse sin más con el castellano", porque hay aportes diversos procedentes del galaicoportugués, asturleonés, navarroaragonés, catalánvalenciano, etcétera. Si es verdad, como afirma la filóloga y nueva académica, que aquélla interpretación (menéndezpidalista) estaba incardinada en la órbita científica del '98; no debiéramos olvidar que nosotros nadamos dentro de la pecera de la posmodernidad. Estamos, otra vez más, ante el viejo maniqueísmo de optar por Sánchez Albornoz o Américo Castro (España igual a cristianismo o España crisol de tres culturas, incluidos moros y judíos); por una visión centrípeta o centrífuga; por centralismo o descentralización. Se continuará.

Pero, pasemos a las nuevas palabras. Toda lengua viva tiene que estar abierta a nuevos términos para incorporar descubrimientos científico-tecnológicos y/o innovadores conceptos interpretativos-culturales; los cuales tenemos que incorporar o bien por clonación simple o, mejor, tratando de buscarles el equivalente más cercano en nuestra lengua.

Conviene, antes de pasar a lo de la incorporación de nuevas palabras, aclarar que se entiende por dandi (dandy) o su equivalente petimetre (petit maître) a partir del siglo XVIII: Persona que se apunta la primera a la última moda y que pretende ser refinada, elegante, excesiva, con una actitud displicente ante la vida, como de desgana y/o aburrimiento; una especie de rebelde sin causa; por lo tanto, el dandismo reniega (desprecia) con todas sus fuerzas de lo que haga el común de los mortales. Un exquisito en todo y, faltaría plus, también en la rebuscada expresión verbal.

Pues bien, el dandismo llegará a la lengua española también por la boca; o sea, por la cultura gastronómica. Una carta de restaurante (restaurant) que se precie, primero conviene que se denomine menu (menú) y luego estar escrita en francés y/o en inglés. Ante todo para que suene chic (chic).
Por esta razón, así de incomprensibles nos resultan hoy la mayoría de los cartas de los restauradores esnobs (snobs), cuya seña de identidad es la deconstrucción de los alimentos (deshacerlos literalmente), para en el fondo seguir el mismo proceso de nuestras abuelas a la hora de elaborar las tradicionales albóndigas con el fin -entonces obligado- de aprovechar los restos sobrantes del día anterior.

No contentos con deconstruir, también, en vez de poner platos redondos y hondos (de cuchara), se empeñan en sustituirlos por cuadrados u oblongos, muy planos y, por si fuera poco, desmesuradamente grandes. Lo que no acabo de comprender es qué mensaje se quiere transmitir con esto último: ¿Para que no se vea lo deconstruido perdido en un plato-océano? ¿Para ayudarte a guardar la dieta y/o no hacer pesada la siesta (por la poca vianda suministrada)? ¿Para señalar que lo importante no es la cantidad sino la calidad: esencia pura? ¿Para dejar espacio al artista confeccionador del plato? ¿O tal vez para que el maître se pueda lucir explicándonos más que la materia prima utilizada (por supuesto, especial para la casa) la complicada elaboración empleada por chef (cocinero)? Sinceramente, no lo sé. Esperemos que las nuevas cartas visuales - las espero como la sopa boba en tiempos de hambruna- nos permitan evitar - al poder ver la foto del plato en cuestión- los engorrosos malentendidos y podamos saber de antemano lo que realmente hemos pedido. No vaya a ser que, dándonoslas de personas de mundo, terminemos por pedir de facto: De primero, ensalada de arroz; de segundo, paella; de postre, arroz con leche y el chupito de sake (alcohol extraído del arroz).

Por vía probatoria de lo dicho, vamos a traer a colación algunos ejemplos, para que se vea cómo ya a comienzos del siglo XX el dandismo en gastronomía invade nuestra lengua. Para ello, nada mejor que empezar por la casa donde los padres de la Patria (Diputados) se toman un tentempié, por el cafetín de las Cortes. Cafetín y todo el edificio que, por cierto, estaba hecho unos zorros. Azorín (El Imparcial, 1906) nos informa, con fina ironía, del ‘confort' del edificio de la Carrera de San Jerónimo: Alfombras raídas, escupideras casi siempre llenas - se queja de que no se vacíen a menudo (tal cual)- los servicios (water close) sin ventilación exterior, con un único respiradero al pasillo de los Pasos perdidos, por lo tanto casi siempre perfumado de finos olores, y, por si fuera poco, el lavabo -para adecentar las manos, después- muy alejado del anterior: ¡Vamos, cómo para darle la mano al amigo (correligionario) de turno!. Para el de la oposición, sobraba el saludo y desde luego el agua.

Frente a lo anterior, sin duda para disimular, la carta del cafetín es exquisitamente dandy. Así se ofrece a sus señorías -según Azorín- exóticas delicatesssen: "[Si] no queréis ni egg slip, ni pick-me-up, ni old tom gin, no sherry globber, ni milk punch, ni pipper-mint get, ni brandy swing. [Si] no queréis vosotros nada de esto; [si] os contentáis con una modesta, sencilla y prosaica copa de coñac Domecq (que no se incomode el autor del coñac por esto de modesta, sencilla y prosaica); o bien otra corriente, trivial y llana copa de anís del Mono (repetimos a este respecto nuestras excusas anteriores)".

Para saber exactamente qué era lo que se ofrecía a los señores diputados (no creo que todos, ni la mayoría, se enterasen) tenemos que recurrir a un experto. Necesitamos, debemos reconocerlo, una guía. En nuestro caso es Pilar Garcés. Para ello, no basta con saber muy bien la lengua de Shakespeare sino también manejarse con soltura por la cultura gastronómica de las Islas, para poder deconstruir (desentrañar) la endiablada mezcolanza que se ofrece a los señores diputados. Pilar nos aclara: El milk punch lleva como ingredientes whiskey (güisqui) leche, ron, nuez moscada y azúcar. El egg slip: huevos, nata, azúcar, nuez moscada y cognac o brandy. El pick me up: brandy, zumo de frutas, y azúcar, a veces champán (champagne). El sherry globber: sherry (jerez) y fruta. El brandy swing: brandy, fruta y azúcar. El pipper mint get, es un preparado con menta y azúcar.

Vamos unos cócteles (cocktails) mezcla, sin orden ni concierto, de lo primero que se encontrase a mano. ¿A qué sabrían? Me temo que bastante raros, pero era la moda, lo dandi, lo chic.

Pasemos del hemiciclo a la calle: ¿Qué me dicen del menú que ofrecen los tres mejores hoteles de Valladolid? Echemos una ojeada a lo que nos recomienda los maître d'hotel, comenzando por el Hotel Moderno (1907):1º- Orduvres: Salchichón de Vich, Aceitunas, Pepinillos a estragón, Pimientos morrones en conserva. 2ª platos (entre ellos): Rosbif a la inglesa, con ensalada varia. Por su parte, el Hotel del Siglo (1911): Omelette aux fines herbes. Salmis de Perdrix. Langouste deux sauces. Légumes jardiniere. Filiets de Boeuf a l'angliese. Galantine de Chapons truffé. Biscuit Genoise. Champagne. Cognac. Y para rematar, en el Hotel de Inglaterra (1912): Les hors d'oeuvres. Omelette au Jambon. Pollos al jugo de Champignon y trufas de Perigord. Langoueste deux sauces. Legumes. Bizcocho parisien. Champagne. Cognac.

Después de tanto refinamiento esnob (snob), rematar con un: Que aproveche es casi una ofensa para todo dandi, petimetre o pijo que se precie; deberíamos más bien, para estar al loro, desear un: Enjoy your meal (disfruta tu comida) o Bon appétit (incluso con lo ultimísimo: ‘Bon ap').


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