Llegan las fiestas
Los meses estivales son los propicios para que cada uno de los rincones de nuestro país, y aun más en Castilla y León donde cada pueblo o ciudad tiene una Virgen como patrona y un santo como guía, celebren sus fiestas. Y no hay que profundizar mucho para comprobar que cada una de ellas es similar a la de la capital de la provincia limítrofe.
Escasas excepciones que añadir al tradicional cartel taurino –en que este año solo variará la presencia o no del diestro de Galapagar, José Tomás-, los conciertos de los conjuntos o solistas que están en gira y que se ajuste a los presupuestos municipales o a los gustos del concejal o concejala que tiene que decidir sobre ello –eso sin suponer amiguismos que de haberlos haylos-. Si quieres populismo, conciertos gratis para todos en algún rincón ad hoc –o no-, y si pretendes calidad, pues a las plazas de toros, eso sí asumiendo riesgos, aunque no anda el horno para bollos, y sino que se lo pregunten a los de El Canto de El Loco que han pospuesto su cita burgalesa tres meses porque habían vendido menos entradas de las previstas, aunque habrá que preguntarle a quien programa por qué el mismo grupo vuelve a la misma ciudad al mismo lugar solo unos meses después de haber actuado y llenado.
Toros, conciertos, teatro de calle, que ahora se ha puesto muy de moda, es la respuesta a la socialización.
Toros, conciertos, teatro de calle, que ahora se ha puesto muy de moda, es la respuesta a la socialización. Fuegos artificiales por doquier. Y las tapas, se han colado en todas las fiestas como los últimos invitados pero qué localidad ya no cuenta con su concurso de tapas, frías, calientes y extremas. El teatro queda para los escogidos. No parece que las compañías sean muy propicias a salir a provincias con lo que está cayendo. Ya veremos la programación que se nos avecina, en la tierra del Cid, en los Sampedros, nos anuncian la presencia de Els Joglars y para desagraviar un día de Josefa Yuste y Florentino Fernández.
Pero, ojo, que si no hay sol, que si llegan las lluvias de nuevo, se acabaron las fiestas, y el ambiente, y el tapeo, y los toros, y los conciertos al aire libre, y la calle. Así que el edil festero antes de programar, que pille una docena de huevos y busque un convento de clarisas, será la única manera de evitar cualquier crítica. Porque a la programación de fiestas nos han adocenado tanto que ya nos hemos acostumbrado un año tras otro.
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