Maestros
Tener una madre maestra y un padre que ha trabajado en un centro educativo toda su vida laboral, aunque no como docente, imprime carácter. Y entre el suspenso al 'promovido por imperativo legal' media un completo abismo. Parece como si se quisiera educar con el objetivo de evitar que el pueblo mejore su cultura, si no no tiene explicación la facilidad con la que se accede a cada etapa de la enseñanza y se continúa en la misma.
Así que he hecho mi propia encuesta entre docentes -profesores de bachiller y secundaria, maestros y maestras de primaria de centros públicos y privados, al fin y al cabo educadores todos- y he encontrado diferentes opiniones.
Tener una madre maestra y un padre que ha trabajado en un centro educativo toda su vida laboral, aunque no como docente, imprime carácter. Y entre el suspenso al 'promovido por imperativo legal' media un completo abismo. Parece como si se quisiera educar con el objetivo de evitar que el pueblo mejore su cultura, si no no tiene explicación la facilidad con la que se accede a cada etapa de la enseñanza y se continúa en la misma.
Así que he hecho mi propia encuesta entre docentes -profesores de bachiller y secundaria, maestros y maestras de primaria de centros públicos y privados, al fin y al cabo educadores todos- y he encontrado diferentes opiniones. La principal, que todas las leyes de educación no tienen en cuenta las opiniones de los docentes para reducir las altas cifras de fracaso escolar, no incluyen medidas que prestigien el trabajo de los docentes ni mejoren su situación laboral y también salarial, especialmente para el profesorado de los centros concertados, porque quita competencias y resta autoridad al equipo directivo. Aseguran que la LOE muestra un preocupante miedo a todo lo que suponga evaluación y diagnóstico del sistema educativo e impide que puedan ampliarse los horarios de asignaturas más instrumentales (además de restar relevancia a algunas especialidades de Secundaria como Música, Informática, tecnología y Filosofía).
Los más críticos insisten en que la ley de educación va en contra de la libertad de enseñanza y del derecho constitucional que tienen los padres de elegir centro educativo para sus hijos y pone bajo sospecha la importante labor social y educativa que realizan los centros concertados, además resucita los fallidos experimentos de la escuela comprensiva, rebaja todavía más el nivel académico de los estudiantes de Bachillerato y se olvida de que existe personal de administración y servicios en los centros educativos.
Algunos han ido más al fondo sobre el actual proyecto educativo: desprecia el valor del esfuerzo personal, reitera medidas de apoyo y refuerzo que se han demostrado ineficaces, plantea itinerarios encubiertos, sin garantías de no discriminación, establece una promoción automática encubierta en la ESO, no realiza una evaluación al final de la Educación Primaria; ampara la inasistencia a clase. Sustrae su derecho a una formación moral, sea confesional o no. No aporta medidas para acabar con la violencia escolar.
Los maestros, también evalúan: No dignifica la función docente. Mantiene un sistema desmotivador del profesorado. No apoya la autoridad del docente en la clase. No mejora su formación profesional y permanente. No garantiza la homologación del profesorado de la escuela concertada. No garantiza una enseñanza de calidad que fomente el valor del esfuerzo, sino que retrocede en este ámbito respecto a la legislación anterior.
Como ven, son duros, son anónimos y no perderán su empleo por sus manifestaciones, pero estas son preocupantes. Parece siempre necesario un pacto escolar, donde sean los profesores y los padres los verdaderos protagonistas de la educación de los hijos son muchas. No se puede imponer a las familias ni la educación pública, ni la privada, ni la enseñanza religiosa, ni la laicista, ni la diferenciada ni la mixta. Los padres tienen ese derecho a decidir qué tipo de educación quieren para sus hijos, tienen el derecho a la gratuidad de la enseñanza en los niveles básicos y obligatorios, también en la concertada, por qué no, que para eso pagan los impuestos. Deben elegir ellos el centro docente y no que se lo elijan.
Son muchos los ejemplos de profesores que se están dejando la piel cada mañana, durante más de ocho horas, en colegios e institutos, y no encuentran ningún reconocimiento ni por parte de la sociedad ni por parte de los gobernantes, y todavía menos por los padres y los propios alumnos. ¿Es esta la educación que queremos para el futuro?
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