Cuaderno de bitácora

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Tras la manifestación

Antonio J. Mencía - / /
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No me ha convencido la empresa que cuenta cabezas, porque había más peña en Madrid el ‘día de la vida’ que las decenas de miles que su responsable y la agencia contratante afirmaba; pero sí me ha convencido el debate generado posteriormente, y que muestran que es necesario, al menos en las concentraciones o manifestaciones en Madrid -en provincias es más fácil, aunque aquí también se hinchan, aduciendo que son una buena causa- llegar a unas cifras más reales de las que hasta ahora se ha hablado durante toda la democracia.

En cualquier convocatoria ya se cuenta previamente con cientos de miles, y aquí el único que suma, uno a uno, es el maratón de El Corte Inglés que les pone a todos un dorsal. Pero lo importante, no es el número, sino la causa. Y esta causa merece la pena. Porque nos jugamos mucho, en concreto el futuro de nuestra sociedad. No es cierto que alguien quiera ver a una mujer encarcelada por el hecho de abortar, ni a un médico -de hecho, entre las legislaturas de González, Aznar y Zapatero, solo ha habido uno-, ni a nadie. Lo que no hay es ayudas suficientes para aquellas mujeres que han concebido un hijo y se ven conducidas al aborto por un entorno hostil, por falta de medios económicos, por encontrarse sin trabajo, o porque su pareja no ha asumido las obligaciones de un padre. Hay que promover una educación sexual y científica suficiente y veraz. El descubridor de la cadena del genoma humano, Francis Collins, que acaba de ser nombrado por Obama director de salud pública en Estados Unidos ha mostrado una y otra vez las señas de identidad de cada bebé antes de su nacimiento. Abortar es un un final a un supuesto problema-que no es el niño- para el que no se ha contado con las soluciones necesarias. Y en ello se debe incidir.

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