Tras la manifestación
No me ha convencido la empresa que cuenta cabezas, porque había más peña en Madrid el ‘día de la vida’ que las decenas de miles que su responsable y la agencia contratante afirmaba; pero sí me ha convencido el debate generado posteriormente, y que muestran que es necesario, al menos en las concentraciones o manifestaciones en Madrid -en provincias es más fácil, aunque aquí también se hinchan, aduciendo que son una buena causa- llegar a unas cifras más reales de las que hasta ahora se ha hablado durante toda la democracia.
En cualquier convocatoria ya se cuenta previamente con cientos de miles, y aquí el único que suma, uno a uno, es el maratón de El Corte Inglés que les pone a todos un dorsal. Pero lo importante, no es el número, sino la causa. Y esta causa merece la pena. Porque nos jugamos mucho, en concreto el futuro de nuestra sociedad. No es cierto que alguien quiera ver a una mujer encarcelada por el hecho de abortar, ni a un médico -de hecho, entre las legislaturas de González, Aznar y Zapatero, solo ha habido uno-, ni a nadie. Lo que no hay es ayudas suficientes para aquellas mujeres que han concebido un hijo y se ven conducidas al aborto por un entorno hostil, por falta de medios económicos, por encontrarse sin trabajo, o porque su pareja no ha asumido las obligaciones de un padre. Hay que promover una educación sexual y científica suficiente y veraz. El descubridor de la cadena del genoma humano, Francis Collins, que acaba de ser nombrado por Obama director de salud pública en Estados Unidos ha mostrado una y otra vez las señas de identidad de cada bebé antes de su nacimiento. Abortar es un un final a un supuesto problema-que no es el niño- para el que no se ha contado con las soluciones necesarias. Y en ello se debe incidir.Artículos del autor
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