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La moda de las deudas históricas

Julián Ballestero - / /
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Aquí el único que paga es Rodríguez Zapatero, y lo hace con el producto de nuestros desvelos condensado en impuestos y retenciones.

El milagro de la multiplicación de los morosos y los impagados a causa de la Santa Crisis ha convertido en normal lo que siempre constituyó una conducta harto reprochable: la del tozudo que no abona una deuda por la sencilla razón de que no hay con qué.

En tiempos no muy lejanos el deudor confeso era crucificado en listas negras, perseguido por hombres tristes con chistera negra y señalado como un paria por los porteros y porteras que a veces incluso también vestían ropa negra.

Ahora el mal pagador se esconde con habilidad entre la muchedumbre y deja correr el tiempo. Como nadie paga a nadie, el moroso alega su condición de víctima de sus propios deudores, y así confía en la llegada del Gran Momento, cuando la epidemia de deudas cruzadas afecte a todo el cuerpo económico y todos los débitos sean condonados al instante. Lo comido por lo servido; o las gallinas que se van, por las que se quedan.

Aquí el único que paga es Rodríguez Zapatero, y lo hace con el producto de nuestros desvelos condensado en impuestos y retenciones. El presidente del Gobierno y su ministro Solbes alimentan la caldera nacional de los bancos y cajas con billetes calentitos, con la excusa de salvar la economía. Una buena coartada para un colosal desfalco, cuya única justificación aparecerá cuando vuelva a circular el crédito, si es que nuestros ojos llegan a contemplar tal maravilla.

Así liquidará Zapatero con dinero del Estado los 3.000 millones del agujero creado por Hernández Moltó en Caja Castilla-La Mancha, y los 1.200 millones de la ‘deuda histórica' de Andalucía.

Dos decisiones que escuecen. La primera, porque al presidente de la caja arruinada habría que cortarle el suministro en lugar de nombrarle cargo para la entidad fusionada tras la absorción por Unicaja (un ejemplo que tanto le gusta a Zapatero: el freno de Obama a los 165 millones que pretenden repartirse los desgarramantas de AIG, la aseguradora rescatada con 170.000 millones de dólares del Estado USA), además de someterle a un proceso sumarísimo para depurar su responsabilidad en la concesión de créditos-amigo a los constructores de confianza.

Y la segunda, porque si a Andalucía le abonan ya la deuda histórica, Castilla y León debería figurar en el puesto siguiente de la lista de acreedores. La suerte de Zapatero es que en esta Comunidad se confunde la lealtad con la estulticia.


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