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Moraleja del examen de conducir

Julián Ballestero - / /
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Los alcaldes se compran coches-ametralladora que disparan fotos-multa y han reforzado los mecanismos de cobro ejecutivo para que ni un solo conductor despistado se salve de la escabechina.

El 96% de los conductores suspendería ahora el examen teórico del carné de conducir, concluye un informe. La mayoría de los medios de comunicación ha tomado el estudio por las hojas del rábano para deducir que casi todos los automovilistas deberíamos volver a las autoescuelas. Yo creo que la moraleja es otra: el informe demuestra que el examen está mal diseñado.

De hecho, siempre he sospechado que la prueba responde al conchabeo entre las autoridades de Tráfico y los profesores para mantener el negocio de las autoescuelas y no al loable objetivo de fortalecer la seguridad en las carreteras. Los futuros conductores han de memorizar un millar de cuestiones que no van a ninguna parte y que nunca les servirán para nada útil a la hora de viajar en su coche. Desde los pesos y medidas de los ejes de los camiones hasta la fórmula para hallar la distancia de seguridad, pasando por las utilidades de los trapos rojos al final de un convoy, las complicaciones del examen están ahí para asegurar un determinado porcentaje de suspensos que vuelvan a acudir a dos decenas de clases teóricas.

Persiste la sospecha de un oscuro negocio en torno a la seguridad en la conducción. Para mayor escarnio, en los últimos tiempos se ha constatado la vuelta de la fiebre municipal cobradora de multas. Ahora que las autoridades de Tráfico habían comprendido que los radares deben instalarse allí donde su presencia evita accidentes y no donde reportan un mayor número de sanciones, resulta que la crisis nos devuelve a los tiempos de la sanción como vía rápida de conseguir pasta para los ayuntamientos. Los consistorios que malviven ahogados por la deuda, tras el corte del suministro-chorro de dinero que suponían las licencias de obras y recalificaciones, han encontrado en la multa el clavo ardiendo de su salvación financiera. Los alcaldes se compran coches-ametralladora que disparan fotos-multa a medida que avanzan por las calles de su ciudad. Además, han reforzado los mecanismos de cobro ejecutivo para que ni un solo conductor despistado se salve de la escabechina.

La mayoría de las sanciones se imponen por aparcar en doble fila o en esquinas, sin discriminar los automóviles que dificultan de verdad la circulación de los que no. Y por menos de 50 euros no te hacen una foto. Si llega la grúa, la broma ya no baja de los 100 euros en una capital que se precie.

Eso sí, después nos conceden ayudas para comprar un coche que nos llevará a la ruina.


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