Cuaderno de bitácora

Portada » Actualidad

Multilateralidad arrolladora

Julián Ballestero - / /
vota
0 votos

Cuando una palabra irrumpe con fuerza en el escenario de la política, no hay quien la pare. Sufrimos en los últimos meses el empuje arrollador del término 'multilateralidad', concepto preferido por políticos de talla tan dispar como Obama y Zapatero.

Cuando una palabra irrumpe con fuerza en el escenario de la política, no hay quien la pare. Sufrimos en los últimos meses el empuje arrollador del término 'multilateralidad', concepto preferido por políticos de talla tan dispar como Obama y Zapatero. Nos enfrentamos a una de esas expresiones de siete sílabas imposibles para la lengua alcohólica, incomprensibles para la mayoría de los mortales, y por tanto susceptibles de uso fructífero y continuado en ruedas de prensa y mítines de mandatarios. No habíamos tenido noticia de términos semejantes desde que dejamos de jugar en la escuela con los polígonos de madera, equiláteros y multiláteros, hasta que llegaron las conexiones radiofónicas, telefónicas y televisivas entre al menos tres periodistas, incluido algún corresponsal a pie de trinchera. Los programas multilaterales, siempre en el filo entre la algarabía y el caos.
La multilateralidad, como la multiculturalidad, intenta imponer un nuevo sistema de valores, un mundo nuevo a muchas bandas para que las grandes decisiones no las tomen los dos poderosos de siempre, sino el mayor número posible de actores. A Obama, de momento, le ha funcionado el 'truco' de ir de bueno, de colegueo, de "¡hale muchachos, que esto lo arreglamos entre todos con un golpe de multilateralidad!', mientras que a Zapatero el proyecto de Alianza de Civilizaciones se le cae a pedazos al mismo ritmo que la cúpula de Miquel Barceló para la ONU.
En Castilla y León, donde nos manejamos con soltura entre vocablos más prosaicos, más llanos y comprensibles, hemos sufrido ataques de multilateralidad, pero limitados al ámbito de la pelea por la financiación autonómica, que prácticamente no le interesa a nadie, aunque afecte a los bolsillos de todos. Aquí los poderes regionales (Junta y PP, para no abrir mucho el abanico) defienden las negociaciones multilterales mientras que otras autonomías, más ricas por cierto, propugnan las bilaterales Es decir, que Castilla y León quiere repartir los dineros en una mesa donde todos tengan cuchara frente a la cazuela del Estado, mientras que los catalanes prefieren un vis a vis con el Gobierno para servirse una ración generosa y permitir después a los pobres que se repartan las sobras.
Lo inocuo del debate, en nuestra pequeña política de andar por casa, es que, se llame como se llame el método de reparto, conocemos de antemano el resultado: a Castilla y León la dejarán a un lado (lateralidad) y la justa equiparación de servicios con las regiones prósperas (uniformidad en la multilateralidad) quedará aparcada a la espera de mejores tiempos. Como siempre.


Artículos del autor

Participa comparte tus dudas y comentarios