Cuaderno de bitácora

Portada » Actualidad

Navidad saludable

Julián Ballestero - / /
vota
0 votos

Las Navidades de 2008 han venido a demostrar que podemos sobrevivir sin tanta cena, vino, regalo y mensajito como hemos tenido que tragar y recibir en años anteriores. Si algo de bueno tienen las crisis de caballo como la que nos atenaza es que contribuyen a eliminar del organismo social algunas de sus rémoras más dañinas.

Las Navidades de 2008 han venido a demostrar que podemos sobrevivir sin tanta cena, vino, regalo y mensajito como hemos tenido que tragar y recibir en años anteriores. Si algo de bueno tienen las crisis de caballo como la que nos atenaza es que contribuyen a eliminar del organismo social algunas de sus rémoras más dañinas.

Los cenorrios navideños, restringidos esta vez a la mínima expresión, con menos citas de menos platos más ligeros a un precio más ajustado, constituían una de las tradiciones más asentadas y que peor sentaban a nuestros triglicéridos. Han tenido que llegar las subprime, Madoff y los constructores con sus estafas y agujeros para devolvernos la cordura gastronómica. Hemos cenado lo justo, y gracias, que aproveche.

El rosario de vinos institucionales y de empresa, antiguo manantial de riqueza para las empresas dedicadas al pincho a domicilio (por no decir ‘catering'), ha sido sustituido por la más humana, cálida y cercana felicitación a base de apretones de mano y abrazos.

La crisis ha reducido a menos de la mitad el aluvión de las postales, para contento de carteros y dolor de dibujantes e impresores, y ha fulminado el negocio de las cestas, reducidas en esta campaña a una bolsita con dos lonchas de jamoncito, en el mejor de los casos.

Pero el más agradable de los cambios provocados por el miedo y la estrechura económica ha tenido como protagonista el relativo silencio de los móviles. Se han mandado mensajes navideños, pero en una cantidad que podría considerarse ‘humana' y que ha respondido efectivamente al inventario de nuestras personas queridas, y no a un barrido masivo por la lista de contactos. El personal se ha pasado a Internet, que Tuenti o Facebook resultan más baratos que el teléfono para desear un ‘rápido e indoloro 2009' (feliz sería mucho pedir para un año tan temido).

Dicho lo cual, hemos de admitir que la supresión de todas estas muestras de alegría, amistad y voluntad de comprar voluntades (no otra cosa son los regalos institucionales), va a provocar despidos y cierres en restaurantes, imprentas, empresas de mensajería y fábricas de embutidos, cavas y polvorones. Tendrían que venir Zapatero y Solbes para darnos una lección de finanzas basada en el concepto del gasto/consumo como motor de la actividad económica, pero no tenemos cesta ni jamón para recompensar sus desvelos.


Artículos del autor

Participa comparte tus dudas y comentarios