Nazis en León
La Unión del Pueblo Leonés (UPL) se enfrenta a una de las acusaciones más graves que puede soportar un partido político, que pueda ser tildado de querencias nazis.
El partido nacionalista leonés sustenta el gobierno municipal de León que preside al socialista Francisco Fernández, a quien le faltó un solo voto para alcanzar la mayoría absoluta en las últimas elecciones. Esta circunstancia le obligó a un pacto con la formación leonesista, que aporta tres concejales. Uno de los ediles es Abel Pardo, líder del ala más radical del nacionalismo leonés, responsable del área de Cultura Tradicional y Nuevas Tecnologías del Ayuntamiento y, consecuentemente, responsable de la Llionpedia, una enciclopedia en la red con más de quince mil entradas en leonés (lliunés), un dialecto que nadie habla ni conoce (salvados los que han hecho de este asunto su modo de vida y las personas más incultas, que utilizan algunas de sus palabras sin saberlo), un idioma que un grupillo de personas quiere extender también por los colegios.
La fuerza que otorga ser llave en las votaciones, lo que se traduce en una permanente amenaza a la estabilidad del gobierno, obliga a concesiones que generalmente de otra forma no se otorgarían. Así que Abel Pardo consiguió tener su “Wikipedia” particular en leonés, pagada con el dinero público de los leoneses.
La cosa funcionaba de espaldas al común de los mortales, de los ciudadanos de esta y otra tierra. Pero de pronto surge el escándalo. Un grupo de personas, al parecer siete, se dirigen al alcalde Fernández y le informan de que en la enciclopedia virtual que paga el Ayuntamiento se defiende a Hitler y se cuestiona que haya existido el Holocausto judío. El alcalde socialista se asustó. No es para menos. Así que inmediatamente ordenó que se desconectara la polémica página de la web del Ayuntamiento y remitió la documentación que los estudiosos le aportaron a la Fiscalía, por si el asunto es constitutivo de delito. El presidente y el secretario general de la UPL también se han desmarcado de la web inmediatamente y han anunciado que el responsable de los textos será expulsado del partido, suponiendo que sea militante del mismo. El alcalde también ha dicho que si se demuestra que Abel Pardo es el autor de los textos despreciables y despreciados, lo cesará del cargo y si existen trabajadores de la plantilla municipal detrás su redacción, también serán expulsados.
Fernández sabe que el cese de Pardo no pone en peligro el gobierno municipal, porque el vicealcalde Javier Chamorro, secretario general de la UPL, ve la posibilidad de parar de esta forma la consumación de un golpe de mano que busca su propia cabeza.
Pero cuestiones internas (e intestinas) aparte, y más allá de las responsabilidades jurídicas, resulta evidente que alguien tiene que asumir responsabilidades políticas. No es lógico que se destine dinero público a pagar aberraciones de estas características, que niegan la historia y justifican el crimen. O por lo menos, devalúan el repudio necesario al mismo, algo que resulta primordial en cualquier persona, pero más aún en quienes tienen como objetivo liderar comportamientos de grupos humanos.
César Gavela, un leonés que escribe desde la distancia mediterránea, hacía una advertencia juiciosa en el Diario de León el pasado domingo. Escribía: “Nunca pensé que en León pudiera aparecer esa dolencia social, esa enajenación que suele atacar a los hombres jóvenes de poco refinamiento. (…) El nacionalismo es torpe y excluyente. Y un gran absurdo en una Europa que está obligada a unirse. Los nacionalistas de León son pocos, pero hacen mucho ruido. (…) No sólo reivindican idiomas desaparecidos –extrañeza que es de admirar- sino que se atreven a colocar sus quiméricas palabras en impresos municipales”.
Las frases de Gavela mueven necesariamente a la reflexión. Se pierde demasiado tiempo en cuestiones absurdas y, sobre todo, se pierde excesivo dinero aportado por los ciudadanos. No es justificable el esfuerzo de Hacienda esquilmando las nóminas para gastarlo en estas orgías de necedad.
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