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El niño que alimentó al poeta

Fernando Aller - / /
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"El lenguaje distingue al hombre del homínido y justifica su tránsito desde la inexistencia antes de nacer a la inexistencia tras la muerte" (Antonio Gamoneda)

"Sucedió que aquel niño tenía alma de poeta y aquella huella en la memoria se convirtió en palabra". Así ve el catedrático José Enrique Martínez la trayectoria vital de Antonio Gamoneda, premio Cervantes del año 2006. Martínez pronunció estas palabras en la presentación del libro "Gamoneda, iluminaciones", una novela de Andrés Sorel que profundiza en la biografía del poeta nacido en Asturias en el año 1931, trasladado con tres años de edad a León por su madre ya viuda. El niño Antonio atrapó en su memoria sucesos que le marcaron el alma asomado a la calle tras las rejas del balcón de aquel segundo piso de una casa con "vistas al ferrocarril". En aquella casa figura hoy una placa en la que están grabados versos escritos de aquellos recuerdos que quedaron plasmados como huellas indelebles en la retina y en el alma: "Sucedían cuerdas de prisioneros, hombres cargados de silencio y mantas. Cruzaban bajo mis balcones y yo bajaba hasta los hierros cuyo frío no cesará en mi rostro. En largas cintas eran llevados a los puentes y ellos sentían la humedad del río antes de entrar en la tiniebla de San Marcos, en los tristes depósitos de mi ciudad avergonzada".

San Marcos, cárcel en los años postreros a la Guerra Civil y hoy hotel de lujo, fue precisamente el lugar elegido por la Asociación de Periodistas de León y la Agencia Efe para la presentación del libro de Sorel. Un acto en el que participó el propio Gamoneda, quien precisó que la obra ha venido a "poner fechas a lo que el niño veía a través de las rejas". "Una manera de historificar mi escritura (...) La dependencia de mi escritura en relación con la existencia y la vida, porque la poesía como hecho ornamental no me interesa".

El lenguaje distingue al hombre del homínido y justifica su tránsito desde la inexistencia antes de nacer a la inexistencia tras la muerte. Un tránsito así definido por Gamoneda y que algunos hombres pretenden manchar con sus conductas de violencia e intransigencia.

Un botón doloroso y visible como prueba. En la placa con los versos de Gamoneda, colocada hace unos años por el Ayuntamiento, alguien ha pintado una cruz gamada. Gamoneda ha pedido que durante un tiempo el símbolo nazi no sea borrado. "Tenemos que permanecer en el conocimiento de que todavía -dijo el poeta- cercanos a nosotros, minoritarios espero, existen hombres y mujeres cuyo entendimiento de la vida lleva consigo la sinrazón, la crueldad histórica, el entendimiento antidemocrático y antisocial que caracterizaba el nazismo y el fascismo".

Gamoneda anuncia para muy pronto su autobiografía. Un recorrido que sin duda no corrige sino que enriquecerá el libro de Sorel. Novela esta última que José Enrique Martínez definió como "la radiografía de un tiempo, de un niño, de un poeta, de un hombre, de una ciudad". Libro que deja hondas impresiones, la historia de "un niño marcado por lo que vio y pudo intuir, primero, y después comprender".

La casualidad quiso que este sencillo y a la vez solemne acto, como lo es siempre la presentación de una obra literaria, precediera en apenas unas horas a la investidura de Obama como presidente de Estados Unidos. En Washington y en León palabras profundas para un tiempo obligadamente de cambio. A la sinrazón de la violencia añade Obama que el poder no justifica por sí mismo la utilización de la fuerza. "Nuestro poder no nos da derecho a hacer lo que nos plazca". Alentadoras palabras en las que también anida la poesía.

 


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