Niños, silencio
Silencio, sí. Disciplina, por supuesto. Pero no equivocar la rigidez de las formas con la necesaria participación de los alumnos en el proceso educativo
El informe es denso, existen matices y cientos de observaciones, pero por alguna extraña circunstancia todos los medios de comunicación han titulado con el mismo dato: el 16 por ciento de las clases en España se pierde en imponer silencio a los alumnos. Un total de 23 países han participado en la elaboración de la encuesta Talis, (Informe Internacional de Enseñanza y Aprendizaje) llevada a cabo por la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) entre 90.000 docentes de secundaria.
Tal coincidencia nos hace pensar en que existe una especial sensibilización con respecto a la disciplina en los centros escolares, algo de lo que se habla de forma muy negativa en los últimos años. Según los directores de los centros, el 60% de los docentes realizan su tarea en un clima de indisciplina, problema al que se añade la falta de personal de apoyo en ocho de cada diez institutos.
La denuncia de la falta de preparación del profesorado para imponer el orden puede ser una de las claves de la indisciplina. Recientemente un medio de comunicación recogía unas palabras que han de mover a la reflexión. Pedro Rascón, presidente de la CEAPA, afirma que "hay mucha gente buenísima en su materia, pero que no sabe nada de pedagogía o motivación. Y, hoy por hoy los conocimientos por sí solos, ya no valen". Ahora se pretende suplir esa carencia con un master añadido a la carrera docente. Tal vez sea una de las soluciones, pero probablemente la más importante sea la vocación. Se da por hecho que quien conoce algo es capaz de transmitirlo a los demás. Y no es así, existen personas con suficientes conocimientos pero que resultan totalmente negadas para explicar cuanto conocen. Curiosamente este asunto no es materia que impida al profesional dedicarse a la enseñaza. No existe una evaluación determinante a este respecto.
Aspecto importante también a tener en cuenta es qué entienden los profesores por silencio y algarabía. ¿Todos los encuestados se refieren a la misma línea que separa la atención del alumno de la participación más o menos desordenada en algunos momentos de la clase? Probablemente el criterio sea bastante dispar.
La enseñanza siempre será motivo candente de debate. Las razones son obvias, siempre se trabaja con material nuevo, los alumnos son siempre diferentes y, no menos importante, los padres también. Es decir, cualquier buen sistema educativo ha de partir de la implicación de los padres en el mismo. Y no siempre es así, por más que pretendan eludir su parte correspondiente de responsabilidad cargándola sobre los demás. Cierto que puede haber padres que se inhiben en el cometido de la educación de sus hijos y que lo ceden todo al criterio de los centros escolares, pero es evidente que la mayoría tienen entre sus preocupaciones la educación de los vástagos.
Silencio, por lo tanto, sí. Disciplina, por supuesto. Pero no equivocar la rigidez de las formas con la necesaria participación de los alumnos en el proceso educativo.
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