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Novela contra la depresión

Julián Ballestero - / /
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Parece que acabamos por darnos cuenta de que el libro constituye un refugio seguro contra las inclemencias de la vida. Una buena novela representa la alternativa ideal al televisor que no vomita más que imágenes de un mundo en ruinas.

A mitad de crisis, de repente los españoles nos hemos hartado de la cultura. La tensión de luchar cada día contra los datos de la recesión, el cansancio acumulado por el sobreesfuerzo de intentar superar circunstancias cada vez más adversas en una economía que se derrumba como un castillo de naipes, están pasando factura a nuestro interés por lo bello. Nos hemos vuelto culturalmente indolentes.

Llegan malas nuevas del sector del cine. El número de visitantes ha caído ‘solo' un 2% en Salamanca, pero en general, los espectadores se tientan el bolsillo antes de comprar entradas y palomitas. Mal síntoma.

Los grupos de música que antes llenaban polideportivos y plazas de toros se conforman ahora con media entrada para cubrir gastos. Ni Amaral, ni la Oreja... nadie escapa a la apatía de los fans resignados a bajar canciones ‘de gratis' en Internet.

La nueva edición de Las Edades, esta vez en Soria, no constituye el éxito arrasador de exposiciones anteriores. El furor por el arte religioso, atemperado por la tentación cotidiana de quedarse en casa a comprobar cómo los telediarios van derrumbando nuestro amado estado del bienestar, ha decaído ante la resistencia al gasto del viaje a Soria.

Sólo gana adeptos el espectáculo chabacano y gratuito de las chicas ligeras de ropa lavando un tractor.

Queda mucha crisis por delante, al menos dos años de dolor y lágrimas, y ya hemos renunciado a nuestras esencias y nos hemos abandonado a la incuria.

Nos queda el consuelo de que las estadísticas detectan un incremento de la lectura. Parece que acabamos por darnos cuenta de que el libro constituye un refugio seguro contra las inclemencias de la vida. Una buena novela representa la alternativa ideal al televisor que no vomita más que imágenes de un mundo en ruinas.

A este paso, el libro ganará terreno al sol y la playa durante el primer verano de lo que lleva camino de convertirse en la segunda gran depresión.


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