Los nuevos pobres
La extensión y profundidad del paro han cambiado la pobreza ahora el pobre que acude a los servicios sociales en busca de cincuenta euros para pagar la luz es ‘uno de los nuestros’.
La cruda realidad no entiende de palabras bonitas. Así, mientras el Gobierno se derrite hablando de la dulce desaceleración y de los jodidos brotes verdes, los centros de acogida de Cáritas y Cruz Roja se van llenando de nuevos pobres, de familias de obreros en paro, de personas que antes no habían pedido ni un poco de sal al vecino y ahora no tienen dinero para pagar la hipoteca, la luz o los gastos del colegio de los niños.
Resulta de un cinismo hiriente que alguien pueda alegrarse de que ‘solo' cien mil españoles hayan sido expulsados de su trabajo durante el pasado mes de octubre. Pero la ‘vice' económica Salgado se alegra porque el mismo mes del año anterior los perjudicados fueron doscientos mil. La única y luminosa idea que se le ocurre al Ejecutivo presidido por Rodríguez Zapatero consiste en ampliar el subsidio de desempleo, esos 800 euros mensuales de media que sólo sirven para prolongar la agonía del parado, porque antes se han sentado las bases de su desgracia con el mecanismo de la inflación subyacente: que desde el euro nos han subido todo un 50%, con la única excepción de aquellos artículos incluidos en la base de cálculo del IPC.
La pobreza ha saltado definitivamente de los suburbios, de las viejas sendas de la marginación ligada al desarraigo, el alcoholismo, la droga o el analfabetismo y se ha asentado en los barrios obreros de las ciudades. Ahora contemplamos la miseria insoportable.
Siempre duele la indigencia, pero más en quienes no están preparados por la vida. Aunque esa sensación esconda en el fondo una injusticia, la mayoría de los ciudadanos siempre nos hemos considerado en un mundo diferente al de los mendigos y desamparados. Además, los habíamos alejado de nosotros y los habíamos recluido en guetos o en centros especiales, para sosiego de nuestras conciencias. Pero ahora el pobre que acude a los servicios sociales en busca de cincuenta euros para pagar la luz es ‘uno de los nuestros'. No uno de los de Zapatero, inmerso en el mundo feliz de las relaciones internacionales y cada día más alejado de esa calle en la que se comprometió a gobernar hace seis años, sino uno de los nuestros.
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