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Palabras hermosas y auténticas

Julián Ballestero - / /
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Estaba cantado que palabras como amor, libertad, paz o vida se impondrían en cualquier concurso popular de belleza y así ha ocurrido en el torneo promovido en las últimas semanas por la Escuela de Escritores

Sin embargo, en la lista de vocablos castellanos elaborada según las preferencias de los internautas cabe distinguir entre aquellas voces elevadas a lo alto de la clasificación por su significado, como esas cuatro que se han repartido las medallas, y otras elegidas en función de su sonido, su literalidad y su armonía. En la lista de las 26 más votadas aparecen algunos términos deliciosos por la forma en la que llenan o relajan la boca cuando los pronunciamos: azahar, libélula, albahaca, laspilázuli y mandarina. De esas cinco palabras, tres proceden del árabe, lo que confirma a la lengua de Mahoma como base de nuestras expresiones más bellas.

Mientras crece el rechazo del Islam entre los españoles a causa de las guerras, los atentados y los delitos, en el idioma encontramos un buen argumento para esa alianza de civilizaciones destinada al fracaso en los estratos políticos y religiosos. Alguien debería tomar nota.

Personalmente hubiera colocado en esa lista otros vocablos menos trillados. Mi favorito en ese ranking procede de Sudamérica: perifonear. Una expresión que me impactó durante un viaje a Ecuador, donde la utilizan en un sentido algo diferente al que recoge el diccionario de la RAE (‘Transmitir por medio del teléfono sin hilos una pieza de música, un discurso o una noticia en condiciones determinadas y a hora fija'), con un significado exactamente paralelo a lo que en mi pueblo (Benegiles, Zamora), llaman ‘echar el pregón'.

Y hubiera incluido en lo más alto de la tabla una ristra de palabras olvidadas de los diccionarios, usadas en esa misma Tierra del Pan zamorana, algunas tan hermosas como entoñar (enterrar), buchina (piscina de riego) o jenijo (mala hierba).

Términos preciosos, con sabor a auténtico, pero que no pueden competir con la cursilería de los grandes sentimientos. Una pena.


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