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Papel versus digital

Fernando Aller - / /
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Salvo raras y celebradas excepciones, únicamente las cabeceras digitales que vienen avaladas por la trayectoria de un medio impreso, son tenidas en cuenta

"La sombra del poder", la película dirigida por Kevin MacDonald, podría ser utilizada para ofrecer una clase práctica de periodismo. El atractivo de la aventura y el riesgo añaden el punto de interés cinematográfico obligado, que no oculta, sin embargo, la lección que contiene sobre la compleja tarea de la información y el debate que suscita en la actualidad. Controversia que afecta a la utilización partidaria de los medios, a las tramas de poder y corrupción que amparan, a la lucha ingenua de quien llega a la profesión con la ilusión virgen, al proceloso camino de quienes, pese a todo, sortean los inconvenientes en aras de un código interno difícil de explicar, pero que justifica la obligada tarea del periodista en la sociedad... Y, finalmente, subyace en la película el debate no cerrado sobre los medios de comunicación digitales y la tradicional prensa de papel. En realidad, en la película ese debate no existe, porque los protagonistas lo tienen claro. Conocida la noticia en toda su dimensión, Rachel McAdams se queda con la parte menos importante de la historia para la edición digital del Washington Globe, porque, en su opinión, tiene menos credibilidad, mientras que la misma cabecera del medio impreso, ofrecerá en primera plana la gran noticia que acaban de descubrir la joven periodista y el veterano Rusell Crowe.

La proliferación de cabeceras digitales nacidas con el exclusivo fin de cultivar el rumor y la noticia con fines inconfesables, han provocado una falta de credibilidad tal que puede decirse que salvo contadísimas excepciones, nadie le otorga crédito a la información que circula por la red. Únicamente las cabeceras digitales que vienen avaladas por la trayectoria de un medio impreso, son tenidas en cuenta.

La impunidad con la que se actúa en Internet coarta de forma importante el desarrollo de los boletines surgidos y desarrollados exclusivamente en la red. Resulta descorazonador comprobar cómo la mentira más burda puede ponerse en marcha sin que sea posible a partir de ese momento atajar su dimensión universal. No hay sentencias ni rectificaciones obligadas que puedan rehabilitar el honor perdido de personas e instituciones.

Que no cunda, sin embargo, la desesperación y el pesimismo. Al lado de toneladas de basura, habrá unos kilos de periodismo del mejor. Poco a poco, el usuario de la red se hará más selectivo y al final pervivirá únicamente aquello que ofrece rigor y solvencia. Es decir, lo mismo que ocurre ahora con el papel, donde no todo lo que se publica necesariamente ha de ser bueno.

Pero mientras llega esa decantación, la mejor garantía de un medio digital está en la calidad y credibilidad de su homónimo impreso. El director de la película parece tenerlo claro. Quien esto suscribe, también.

 

 


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