Cuaderno de bitácora

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La pelea universitaria

Julián Ballestero - / /
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Existe la convicción generalizada de que cualquier reforma educativa, por muy desastrosos efectos que provoque sobre el sistema, puede ser superada por la siguiente

Dos bandos ideológicos irreconciliables mantienen una dura disputa dialéctica sobre la condición de la enseñanza universitaria en España. De un lado luchan quienes sostienen la banalidad de los estudios superiores, su decadencia entre la masificación y la ruptura de la disciplina del trabajo; y en el otro bando militan quienes defienden la excelencia de los nuevos métodos más libres y participativos, la eficacia de la mayor conexión con la investigación y el mundo de la empresa.

Hay días, como los presentes, en los que la facción de los detractores tira cohetes. La pólvora se la sirve la propia Universidad (la de Valladolid en este caso) cuando por mor de los gazapos tecnológicos acaba admitiendo con el número uno de la lista de Ingeniería Química al dictador de nefasto recuerdo Francisco Franco Bahamonde, y en un puesto más discreto, pero también con buena nota, al sublime Marcelo Mastroiani. La matrícula informática y la estulticia de las listas Excel tienen la culpa, por lo visto.

Valga la anécdota para constatar la persistencia del debate, ese pulso entre dos formas de interpretar el curso de la docencia del que deberían surgir proposiciones honestas para abrillantar la llegada de Bolonia.

Mientras los sucesivos ministros del ramo improvisan planes conforme aterrizan, existe la convicción generalizada de que cualquier reforma educativa, por muy desastrosos efectos que provoque sobre el sistema, puede ser superada por la siguiente, y aun así, muchos licenciados y doctores continuarán saliendo listos y preparados como ellos solos.

Yo me considero un ecléctico brujuleante entre las dos corrientes de pensamiento/análisis. Sostengo que una amplia mayoría de universitarios sobrevuelan la universidad con la técnica del mínimo esfuerzo y reciben el título como recompensa a sus excelentes conocimientos en tan solo una materia, y todo ello a pesar de su fastuosa incultura general. Por el contrario, quienes aprovechan las facilidades que ofrece la técnica (básicamente Internet) para acceder a todo tipo de formación/información, quienes no sueltan un libro ante la tentación de la wii, la Game y otros inventos diabólicos, dan sopas con honda a cualquier graduado de los tiempos históricos de la fotocopia.

Así pues, se trata de convertir a la minoría en mayoría, y tendremos una generación de genios (o casi), con Bolonias o sin Bolonias.


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