A pesar de todo, venturosos 2009
Mantengamos la esperanza en el ser humano, que siempre ha sabido rehacerse en los momentos de dificultad
En contra de la tradición, no es este tiempo propicio para hacer balance y tampoco resulta adecuado para realizar pronósticos. La Navidad es ese tiempo en el que las personas hacen balance de los doce meses que quedan atrás y se plantean retos ante el nuevo año. Análisis y expectativas que pueden ser de carácter personal, que afectan a la parte más íntima de la persona, a sus anhelos y deseos, o bien pueden tener componentes más objetivos, de carácter empresarial o profesional. En el aspecto más formal, las empresas lo reflejan en el presupuesto, que viene a ser algo así como la línea que separará al final de un periodo de tiempo el éxito del fracaso.
Pues bien, 2008 lo despedimos ajenos al tópico. Las empresas están ajustando ahora el proyecto presupuestario con nula confianza, sabedores de que existe mayor incertidumbre y con el convencimiento entre los directivos de que puede ocurrir cualquier cosa. Puede ocurrir lo contrario de lo escrito en el papel, e igualmente resultaría justificable, explicable.
Esta situación caótica afecta también a lo personal, de forma que una parte importante de la gente afronta este período de cambio en una situación de huida hacia no se sabe a dónde, pero en lo más íntimo con el deseo de que ocurra lo que haya de ocurrir. Pero que ocurra ya.
El hombre está expuesto a la incertidumbre. Por no saber, ni siquiera puede estar seguro de lo que ocurrirá al segundo siguiente del último pensamiento. Vive en esa tesitura, convive con la ansiedad y cada cual gestiona como puede sus miedos.
Nada nuevo. Siempre quedaba algo a lo que aferrarse, fuera material o de origen divino. Pero había algo.
Lo novedoso en la actual situación de crisis es que también se tambalean columnas que parecían rígidas, seguras, a prueba de tempestades. Han desaparecido las referencias que se creían sólidas y todo, consecuentemente, parece estar más que nunca en manos del azar.
La crisis económica actual presenta signos de singularidad. Desaparecida la referencia del comunismo y de la colectivización socialista, se había instalado el pensamiento único del capitalismo como referencia en lo económico. El liberalismo cobraba carta de naturaleza y sus opositores se habían quedado sin argumentos. Pero de pronto ha llegado el segundo desengaño: el sistema liberal, sin cortapisas y sin controles rígidos, provoca también monstruos. Se suceden los escándalos con una celeridad pasmosa. Los grandes dioses del capitalismo mundial caen derrumbados como castillos de arena. Una realidad que resulta salpicada con hazañas de idolatrados gestores que se demuestra no eran otra cosa que simples ladrones que han sabido utilizar las alcantarillas del sistema en su beneficio. Ya no son noticia fraudes de menos de cincuenta mil millones de dólares. Y entre tanto, los gobiernos hablan de refundar un nuevo capitalismo. En el fondo están tan perdidos como el común de los mortales.
Así que nadie se fía de nadie. La desconfianza se ha instalado en la sociedad, hasta el extremo de que el simple hecho de desear ventura suene como un sarcasmo. Pero aún así, mantengamos la esperanza en el ser humano, que siempre ha sabido rehacerse en los momentos de dificultad.
Así que, Feliz Navidad y venturoso año 2009.
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