Pesos pesados
Las habituales y fallidas quinielas de ministros deberían remover la conciencia de los periodistas
Decían los comentaristas de la cosa pública que Rodríguez Zapatero iba a reforzar su Gobierno con pesos pesados. Al final, las filtraciones fallaron por omisión en un cincuenta por ciento, como siempre (mira que no aprendemos, mecachis) y el aterrizaje de pesos pesados se quedó limitado al solitario advenimiento de Manuel Chaves a la política nacional, en una nueva demostración de que en España, al contrario de lo que ocurre en los países civilizados, supone más alto honor un ministerio cualquiera que la presidencia de una gran región (que se lo digan a Juan José Lucas). Los mismos avezados comentaristas dijeron después, una vez hubo hablado Zapatero, que no, que el presidente había diseñado su ‘Gobierno más político'. Como si pesado y político no fueran sinónimos.
Las habituales y fallidas quinielas de ministros deberían remover la conciencia de los periodistas. Comenzando por los digitales y siguiendo por los de papel, tenemos (y me incluyo) la vergüenza justa para andar por la calle. Si ponemos verdes a los sociólogos cuando fallan en sus sondeos preelectorales, ¿cómo no lapidar a los responsables de tanta noticia descaminada por los senderos de Rubalcaba y Sebastián, abriendo las portadas de los diarios?
Haciendo una media, ni el mejor de los oráculos de ZP acertó más del cincuenta por ciento de su remodelación. Pero da igual, porque la credibilidad de los periodistas está formada de una materia endeble como la espuma, que desaparece y se reconstruye en cuestión de días, si no de horas. El problema reside en que este jabón a la larga se desgasta y cada vez hace menos pompas.
Lo de los pesos pesados debe movernos también a reflexión. ¿Es Chaves un peso pesado de la política española? Pesado sí que es, incluso plomizo. Pero a los andaluces les ha gustado durante dos décadas y eso le convierte en un ‘pánzer' que sirve igual para un roto que para un ‘descosío', aunque esté más amortizado que las pirámides de Egipto. Lo peor es que para sacarlo de Andalucía tengamos que pagar entre todos un nuevo departamento con vicepresidencia incluida. En tiempos de crisis es un lujo del tamaño de una piscina de Vega Sicilia.
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