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Picos de Europa, para personas y animales

Fernando Aller - / /
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La gestión eficaz de los Picos de Europa no puede estar reñida con los intereses de los pobladores de esta zona, reconocida como uno de los 10 parajes más bellos de España.

Al regresar de América, las primeras tierras del continente europeo que divisaban los navegantes que cruzaban el Atlántico eran unas montañas con una decena de picos que sobrepasan los 2.600 metros de altitud y algunos situados a menos de veinte kilómetros de la playa. Para algunos historiadores, estas circunstancias son el motivo por el cual esta parte central de la Cordillera Cantábrica es conocida con el nombre de Picos de Europa. Para otros estudiosos, el nombre de Europa que apostilla a estas moles calizas tendría más que ver con la impresión que les causaba a los peregrinos que se dirigían a Santiago de Compostela y el notable parecido con algunas imágenes de los Alpes. En todo caso, nos encontramos ante un territorio singular que es noticia últimamente por dos cuestiones bien distintas, porque los presidentes de las tres comunidades autonómicas con participación en este territorio han sellado un pacto de gestión conjunta y porque la belleza del paraje está siendo reconocida por los usuarios de la página web de Tele5. Los Picos de Europa, al igual que otro territorio leonés del que hablaremos en la próxima entrega de esta "Bitácora", Las Médulas, han sido valorados como uno de los diez paisajes más bellos de España.

El Parque Nacional de Picos de Europa, con una superficie de 64.000 hectáreas, ha tenido hasta ahora una gestión muy diferente. Las cosas han de cambiar. Por decisión del Tribunal Constitucional, este parque ha de ser gestionado por las comunidades autónomas, razón por la cual los presidentes de las autonomías de Castilla y León, Cantabria y Asturias han tenido la sensatez de alumbrar un principio de acuerdo, firmado en León hace unos días, para la gestión conjunta de un territorio que lo es en sí mismo y que a su vez carece de fronteras.

Esta voluntad compartida ha sido vista con suspicacia por los alcaldes afectados, a los que se pretende dar voz pero no voto en los futuros órganos de gestión. Es natural que exista recelo, porque en la mayoría de los parques de estas características no están habitados y, consecuentemente, no se plantea dicotomía entre la preferencia de vida para las personas y la protección de los animales.

Pueblan la zona un centenar de variedades de aves y animales tan señeros como el ciervo, el zorro, el lobo o el oso. Un falso ecologismo, integrista y fundamentalista, ha creado barreras innecesarias de incomprensión que será necesario corregir. Y en todo caso, parece lógico pensar que en el supuesto de necesidad de elección entre animales y humanos, éstos últimos siempre habremos de inclinarnos en favor de los de nuestra misma especie.

La espectacularidad de los Picos de Europa, territorio que el presidente del gobierno español, José Luis Rodríguez Zapatero, ha transitado con frecuencia en su juventud, constituye una oportunidad y no un impedimento. Así lo han sabido rentabilizar con mayor éxito Asturias y Cantabria, mientras que Castilla y León ha vivido en mayor medida de espaldas a los recursos económicos que la zona genera, tanto desde el punto de vista agropecuario como turístico. Estas diferencias y la necesidad de llevar una política favorable para el desarrollo a la vez que conservacionista, plantea la necesidad de una decidida implicación del Estado para corregir en un tiempo corto las desigualdades generadas hasta ahora. La gestión eficaz de los Picos de Europa no puede estar reñida con los intereses de los pobladores de esta zona, reconocida como uno de los 10 parajes más bellos de España.


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