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Porque no todo es tango. Culturería

Carlos Hugo Soria Cáceres - / /
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Buenos Aires fue designada como la Capital Mundial del Libro en 2011 por la Unesco. Y no es para menos. Más allá de la bucólica imagen que puede representar una librería abierta las 24 horas en cualquiera de sus infinitas avenidas, esta ciudad respira cultura por cualquier esquina. La oferta de eventos, conciertos, obras, exposiciones o teatros es inmensa por lo que es francamente difícil aburrirse. Entre los eventos que suelo frecuentar tengo dos entre mis preferidos. Uno es la Ciudad Cultural Konex y otro es el espacio Incaa...

El Konex está situado dentro de un área rehabilitada que no hace mucho albergaba un almacén de aceites. Ahora ha sido reconvertida y los almacenes se han trasformado en salas de teatro, auditorios y espacios polivalentes. Allí puedes encontrar desde un onírico espectáculo de tango-danza hasta una obra de teatro interpretada por personas invidentes, pasando por batucadas, monólogos y conciertos de rock. Todo dentro de una atmósfera muy especial, ya que las paredes y el recinto aún rezuman olor industrial, cierto tufo a aceite, a vieja infraestructura reconvertida sin miramientos hacia las nuevas tendencias arquitectónicas ni decorados superfluos.

Por su parte, el acrónimo Incaa pertenece a las siglas de Instituto Nacional de Cine y Artes Audiovisuales y se encuentra situado en pleno centro de Buenos Aires. A decir verdad, su situación central también se corresponde con el resto del país, pues en sus puertas está localizado el Km 0 de las Rutas que comunican Argentina. Un ejemplo más de planificación radial como también podemos encontrar en la Puerta del Sol de Madrid. En el espacio Incaa se proyecta exclusivamente cine argentino, aunque la mayoría de las películas están, si no coproducidas, si financiadas en parte por algún organismo extranjero.

El celuloide acá narra fundamentalmente historias de carácter costumbrista y sin grandes efectos especiales. No es un cine fácil, la verdad, a veces cuesta entenderlo, pero el hilo de sus historias, personales, en las que el espectador puede llegar a sentirse identificado, le hacen merecedor de unas cuantas visitas a Incaa. Además, la entrada es muy económica, apenas 8 pesos (1.3 euros) y el espacio todavía conserva ese aroma a cine de verdad, lejos de las palomitas, las americanadas y los grandes centros comerciales de las afueras.

Como decía al principio, los libros están presentes en casi cualquier rincón. Libros de segunda mano, de intercambio, de compra-venta, nuevos, polvorientos, desclasificados... casi cualquier ejemplar puede conseguirse en Buenos Aires. Y si no lo encuentras aquí, el librero pondrá todo su empeño en localizar el ejemplar, ayudándote en lo posible a que puedas hacerte con tan preciado trofeo, aunque para ello tenga que realizar dos o tres conferencias a la otra punta del país. Y decir eso significa para nosotros, españoles, realizar una llamada a la otra punta de Europa.

La librería más antigua de Argentina se encuentra en pleno corazón financiero de Buenos Aires, muy cerca de la Casa Rosada, y lleva por nombre Librería Ávila. Su fundación data de 1785 cuando un español (como no) con apellido de capital amurallada, decidió fundar un pequeño local que hoy es mundialmente conocido. A pesar de ello, conserva toda su identidad, nada de franquicias ni ánimo de negocio, sus gerentes no dudarán en obsequiarte con un libro de poesía de Borges o un pequeño manual de lunfardo para que te metas en ambiente.

Con objeto de conmemorar la designación de Buenos Aires como Capital Mundial del Libro 2011 se instaló en la Plaza San Martín una torre cuya estructura estaba formada por cerca de 30.000 libros. La obra fue ingeniada por la artista argentina Marta Minujín y se nutrió fundamentalmente de ejemplares donados por las embajadas y los consulados. Por ello era impresionante observar esa Torre de Babel forrada de libros en distintos idiomas y con infinidad de temáticas. La torre se pudo visitar, pero ya ha sido desmontada. Los ejemplares fueron finalmente entregados a la Biblioteca Nacional de Argentina, tras especularse con una masiva liberación en plena vía pública. Afortunadamente pude darme un garbeo por el monumento antes de que quedara reducido a un simple andamio.

En esta entrada hemos hablado de cultura, de cines, de libros y de librerías. Aquí en Argentina el sufijo -ería puede acoplarse prácticamente a cualquier mercancía y de esta manera hemos construido, como por arte de magia, el establecimiento donde vender el género en cuestión. En España es común el establecimiento de pescaderías, cervecerías o tintorerías. Sin embargo, en Argentina, el empleo de dicho sufijo puede resultar, en ocasiones, abusivo a oídos de un español.

Al principio el fenómeno me pasó desapercibido, pero luego de un mes aquí la cosa ya me estaba empezando a resultar curiosa. Los primeros días observé locales que rezaban carnicería, verdulería, lavandería, carpintería o brasería... digamos que hasta aquí todo normal. Luego empecé a darme cuenta de nuevos negocios, como pulperías, boleterías, cigarrerías o fiambrerías, palabras que si bien podemos entender, quizá nos remonten unos cuantos años atrás en nuestro lenguaje. No obstante ya me mosqueó (en el buen sentido obviamente) la presencia de pinturerías, remerías, lamparerías, semillerías, rostiserías, sederías o pancherías... y lo que más me impactó, aquí, para sacarse la carrera debes acudir a la apuntería, donde te nutrirán de aquellas lecciones que perdiste jugando al mus o en el boliche con tus amigos.

Imágenes

Apuntería argentina
Semillería argentina

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