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Porque no todo es tango. Hacia una nueva estación

Carlos Hugo Soria Cáceres - / /
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Tenía pensado escribir algo más, lo prometo. Material tenía: viajes al Norte de Argentina, a las Cataratas de Iguazú, a Brasil, Copa América de fútbol…vamos, mucha tela que cortar. Pero se me vino el tiempo encima, sé que no es excusa, pero creedme, es difícil sacar tiempo. Además, siempre es mejor dejar algo aunque sea pendiente, así siempre existirá una excusa y las ganas de retomar la causa serán mayores.

Pero como con este blog también he disfrutado mucho le debía una última entrada en esta madrugada de recogimiento, reflexión y balances. Huelga decir que ha sido una experiencia maravillosa y que recomiendo a todo el que pueda, dejarse caer por estas tierras. Es cuestión de ahorrar unos eurillos y agarrar un billete de avión "económico". Si uno está atento después de las navidades suelen ofrecerse estas posibilidades y, además, se puede gozar del cálido verano austral en pleno enero. Eso tiene que ser también toda una experiencia, que, como dicen por aquí, te lima.
 
No podría quedarme con una sola cosa de estos 87 días que he pasado en Argentina y alrededores. Tampoco quiero entrar en tópicos ñonos y simplones de despedidas trasnochadas, pero creo que hay algo que merece un hueco grande, muy grande en el recuerdo que mañana me llevaré a España. La gente que he encontrado en Buenos Aires. De nada valdría dar nombres propios ni fijarme en nadie en concreto. Evidentemente que hay personas con las que he establecido un vínculo más afectuoso, pero grosso modo podría referirme a la gente en general. La amabilidad y educación que he encontrado en este país me ha sorprendido gratamente, hasta el punto de haberme sentido como en mi casa estando tan lejos de ella.
 
Quizá lo que mejor podría definir todo aquello que he experimentado tanto en Buenos Aires como en los otros lugares a los que he tenido oportunidad de viajar es la autenticidad. Aquí todavía las cosas, los lugares, las tiendas, el paisaje urbano, la gente, los bares, los mercados, el día a día es por lo general auténtico. Es difícil describir qué entender por auténtico, pero es algo que se nota, se huele, se percibe, como un sexto sentido.
 
Auténtico es cuando alguien te habla porque sí, cuando alguien te ayuda sin esperar nada a cambio, cuando al hablar con un descendiente de inmigrantes se le ilumina la mirada pensando en que tú procedes de aquel lugar que vio nacer a sus abuelos, entrar en un bar y pedirte un vaso de vino con un sifón de soda, que te dejen pasar gratis en el metro un día sí y otro también porque va demorado, las tanguerías de madrugada con sus milongas a golpe de fernet, el mercado donde comprar desde una matrícula de coche usada a un incunable, los sabios consejos de los cebadores de mate, las cuevas de cambio con sus loros parlanchines en las puertas ávidos de divisas, la creatividad de los teatros, la línea A de subte....
 
Espero de corazón que os haya gustado el contenido de este blog. Si os haya picado el gusanillo de venir a este país estaría más que satisfecho por mi parte. Porque, en Argentina, como espero que haya quedado claro, no todo es tango.

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