Cuaderno de bitácora

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Premio al hombre sencillo

Julián Ballestero - / /
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¿Se imaginan a Rodríguez Zapatero y Rajoy diciendo lo que piensan con la sencillez y claridad con que lo hace el rector de Salamanca? Estaríamos en la Universidad y no en el teatro.

José Ramón Alonso ha sido votado por los directores de medios de Castilla y León como el hombre que mejor ha sabido comunicar a lo largo de 2008. Al ser la primera edición del galardón, instituido por la Universidad Europea Miguel de Cervantes de Valladolid, estamos en nuestro derecho de extender el reconocimiento a un periodo más largo de tiempo para afirmar que el rector de la Universidad de Salamanca es percibido como el más hábil frente a los periodistas de cuantos personajes, personajillos, dirigentes políticos, empresariales y sociales, cargos y carguillos han tenido trato con ellos en los últimos años.

El triunfo de Alonso, en una votación donde estaban los que cabe suponer que deberían estar, representa el éxito del hombre sencillo, del castellano y leonés cabal, del vallisoletano trabajador, amable, directo y legal. Una buena persona que habla llano siempre, con claridad y precisión cuando se necesita, y con el corazón cuando las circunstancias lo requieren.

¡Qué diferencia entre la expresión de Alonso y la habitual de los políticos que frecuentan las páginas de la prensa y los informativos de Castilla y León! Basta repasar los periódicos de un día cualquiera para encontrar al típico portavoz del PSOE municipal asegurando, en su balance de 2008, que el Ayuntamiento de la capital está en bancarrota y que el alcalde no ha acertado ni una porque sus únicos logros se deben a sugerencias de la oposición; y al alcalde de turno, presentando a bombo y platillo, en un alarde de triunfalismo voluntarista, unas cuentas perfectamente cuadradas, con todos los compromisos cumplidos (del año y de la legislatura, si se tercia) y una gestión sin más sombras que la obligación de soportar a la, a su juicio, irresponsable e inútil oposición.

A otro nivel, encontramos a un presidente del Gobierno empeñado en camuflar el desastre económico con un lenguaje edulcorado que le permite el escaqueo, el despeje de responsabilidades y el aplazamiento de la comparecencia para dar cuenta de sus recetas al Parlamento; y al líder de la oposición, reuniéndose con asesores para que le ayuden a mejorar su imagen en los medios con técnicas modernas y electrónicas, en lugar de denunciar a la pata la llana y proponer alternativas razonables, como sería su deber.

¿Se imaginan a Zapatero y Rajoy diciendo lo que realmente piensan, como hace Alonso? Estaríamos en la Universidad y no en el teatro.

 


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